Para la sociedad mexicana el 2 de Octubre del 68, sigue siendo una herida abierta. La celebración del acontecimiento es la memoria de la tragedia y a la vez la ratificación de la lucha que los jóvenes emprenden. En el 2008, la conmemoración se tornó en violencia y descontrol, que es uno de los mecanismos que el sistema utiliza para imponerse.
El caos que sobreviene en este contexto, es exhibido con imágenes crudas y sobre todo a través del cuerpo que encarna la violencia, flagelándose y mutilándose, tensándose y angustiándose, pero también buscando liberarse.
En esta pieza, el cuerpo se repite mediante la imagen proyectada para hacer una metáfora de los cientos de cuerpos que han sido violentados y reprimidos. El caos en este sentido, es el desorden y la confusión generadas desde el poder, cuyas herramientas de coerción descomponen el espacio público y la memoria colectiva.






