Artistas de Guatemala participando en la 24 Bienal de Arte Paiz

Foto de portada: Regina José Galindo. Yo me siento libre (José Rubén Zamora), 2025. Documentación de la performance. (Foto: Sergio Muñoz. Cortesía: Fundación Paiz / Bienal de Arte Paiz)

Desde sus inicios a finales de la década de 1970, la Bienal de Arte Paiz fue creada como un evento cuyo principal objetivo es destacar y promover la producción creativa de los artistas guatemaltecos. Inicialmente concebida por el artista Zipacná de León y Rodolfo Paiz Andrade como un concurso nacional de pintura, con el paso de los años se consolidó como el evento más importante para las artes plásticas en el país. La Bienal evolucionó y adquirió un carácter internacional no solo por incluir artistas extranjeros sino también por invitar a curadores internacionales de prestigio a liderar las ediciones más recientes, convirtiendo a Guatemala en un importante referente para las artes plásticas no solo a nivel regional sino mundial como se aprecia en la presente edición.

La 24 Bienal de Arte Paiz, titulada El Árbol del Mundo y curada por Eugenio Viola, reúne el trabajo de 46 artistas y colectivos de los cinco continentes, 10 de ellos guatemaltecos. Seis fueron seleccionados mediante una convocatoria dedicada a artistas nacionales: Balam Soto, Jeff Cán Xicay, Jorge de León, María Adela Díaz, Martín Wannam y Verónica Riedel. Por otra parte, el curador invitó a Antonio Pichillá, Erick Boror, Naufus Ramírez-Figueroa y Regina José Galindo a completar la representación nacional con el objetivo de ofrecer “una visión transversal de varias generaciones de artistas guatemaltecos que han examinado críticamente su pasado al tiempo que abordan temas relacionados con la identidad, el poder, la corrupción y la discriminación racial”. [1]

Erick Boror fue el encargado de realizar la identidad gráfica de la Bienal. Su propuesta sintetiza la iconografía de los pueblos originarios y su capacidad de transformar ideas en símbolos, proyectándolos en diálogo con la globalidad. Según el artista, la imagen el Árbol del Mundo condensa una memoria que atraviesa la gráfica de los glifos ancestrales, la ornamentación colonial, los textiles indígenas y el diseño gráfico contemporáneo guatemalteco. En su geometría se refleja la continuidad de una tradición que se reinventa a partir de la abstracción que ha estado presente desde el mismo inicio de la civilización maya, ofreciendo un lenguaje visual capaz de reunir historia indígena y presente global. Así, la identidad gráfica de la bienal se convierte “en un puente entre raíces y futuro, fiel al espíritu de la propuesta curatorial”. [2]

En el contexto de la Bienal, Erick Boror presenta dos propuestas plásticas. La intervención pública Sacbé, ubicada en el pasaje peatonal de la sexta avenida, reinterpreta el emblema de la Bienal a partir de una trama geométrica, apropiándose del espacio público externo como ejercicio ritual y comunal. La pieza que alude a los sacbés mayas, caminos blancos que unían plazas y templos, convoca al transeúnte y transforma la calle en un sendero entre memoria ancestral y movimiento presente. Por otra parte, la instalación Donde la tierra teje sus palpitaciones emana un caudal, ubicada en el Portal de la Sexta, tiene como punto focal un enorme textil de Momostenango que evoca el mito fundacional del Popol Vuh según el cual los seres humanos fueron creados del maíz. La obra reconoce el textil como archivo vivo y oficio ancestral, cargado de memoria y densidad simbólica. La composición se articula en cuatro colores, rojo, negro, blanco y amarillo, que representan los pueblos Xinca, Garífuna, mestizo y maya. Boror explica que “el rojo se expande mediante madejas de hilo rojo por que se desenhebran por el suelo del recinto, como una metáfora de como las raíces del maíz reclaman el espacio, simbolizando la sangre que nos une, la tierra que nos fecunda y la memoria que nos sostiene. Los visitantes activan la pieza al interactuar con estas raíces, convirtiéndose en parte de un gesto ritual y comunal que actualiza el mito fundacional en el presente”. [3]

Erick Boror. Donde la tierra teje sus palpitaciones, emana un caudal, 2025. Vista de la instalación. Sede: Galería Portal de la Sexta. (Foto: Byron Mármol. Cortesía: Fundación Paiz / Bienal de Arte Paiz)

La práctica de Jeff Cán Xicay se construye desde una investigación material y conceptual del textil maya tradicional. A través del tejido, aborda relaciones entre territorio, memoria, afecto y resistencia. En colaboración con la Asociación Comunitaria Kaqjay, Cán Xicay presenta Ri qa rayb’äl / Los deseos nuestros (2025), una instalación textil inspirada en las voces de habitantes del pueblo Maya Kaqchikel de Patzicia, Chimaltenango. A través de cuatro telares de cintura dispuestos en un Mokán (espacio ritualizado cuyo nombre significa casa de lo sagrado en lengua Kaqchikel), de los que emergen cuatro tejidos rojos inscritos con frases extraídas del libro comunitario Kaqjay (2006-////), el artista convierte la instalación en cuerpo vivo mediante la activación de sonidos y el uso de objetos ceremoniales como rocas y flores, honrando tanto el tejido como los mensajes transmitidos que expresan los deseos, la resistencia y la memoria de la comunidad.

Uno de los objetivos de la 24 Bienal de Arte Paiz es establecer diálogos entre el arte contemporáneo y la cultura maya ancestral. En colaboración con la Fundación Ruta Maya, la bienal presenta una muestra que incluye esculturas prehispánicas, incensarios, adornos de cinturón, urnas y máscaras de los períodos Clásico Temprano (150/200–650 d.C.), Clásico (150/200–900 d.C.) y Clásico Tardío (650–900 d.C.) enriquecen la narrativa curatorial, rindiendo homenaje al carácter cíclico de la cosmovisión maya y estimulando diálogos entre el pasado y el presente.

Jeff Cán Xicay en colaboración con la Asociación Comunitaria Kaqjay. Ri qa rayb’äl / Los deseos nuestros, 2025. Detalle de instalación. Sede: Museo Nacional de Arte de Guatemala. (Foto: Byron Mármol. Cortesía: Fundación Paiz / Bienal de Arte Paiz)

Las referencias a las raíces ancestrales también están presentes en la obra interactiva Kukulkán: Un Viaje Mitológico Inmersivo (2025), donde Balam Soto invita al espectador a adentrarse en el mundo cultural, cosmológico y espiritual de la mitología mesoamericana mediante una combinación de instalación física y tecnología avanzada de XR (Realidad Extendida). La ​​pieza tiene como protagonista a Kukulkán, la Serpiente Emplumada que une el cielo y la tierra y es venerada por las civilizaciones mesoamericanas. A través de un diseño 3D inmersivo y entornos sonoros adaptables el público puede conectarse con símbolos y narrativas mitológicas de una forma personal y transformadora. Según el artista, “al fomentar una exploración compartida, el arte nos impulsa a afrontar preguntas fundamentales sobre nuestro lugar en medio de la transformación tecnológica. Sirve como catalizador para la autorreflexión, iluminando las complejidades de nuestra relación con el mundo en evolución e impulsando una reevaluación de las historias que definen nuestras percepciones de nosotros mismos y de la sociedad”. [4]

Balam Soto. Kukulkán: Un Viaje Mitológico Inmersivo, 2025. Detalle de instalación. Sede: La Nueva Fábrica. (Foto: Byron Mármol. Cortesía: Fundación Paiz / Bienal de Arte Paiz)

Martín Wannam participa con La CYVA (2025), una enorme escultura inflable en forma de árbol en colores rosa y amarillo inspirada en la ceiba, el árbol sagrado que para las culturas indígenas de América y en particular para la cultura maya de su natal Guatemala constituye un símbolo de conexión ecológica y espiritual. Conceptualmente la obra fue concebida para ser expuesta en un sitio público y establece un paralelismo entre la notable capacidad de la ceiba para prosperar en entornos difíciles y la resiliencia y la fuerza que demuestran las comunidades indígenas, inmigrantes y cuir. Según el artista, “a través de la ceiba, busco crear una experiencia multifacética que combine homenaje cultural, crítica social y celebración comunitaria. La instalación invita a los espectadores a reflexionar sobre temas de identidad, resiliencia y el poder de los espacios comunitarios. Sirve como un faro de esperanza radical, fomentando el diálogo y un sentido de unidad entre grupos diversos.” [5]

Martín Wannam. La CYVA, 2024. Vista de instalación. Sede: Museo Nacional de Arte de Guatemala. (Foto: Byron Mármol. Cortesía: Fundación Paiz / Bienal de Arte Paiz)

En el Centro Cultural de España, en Ciudad de Guatemala, Jorge De León presenta una instalación compuesta por acuarelas, esculturas de block de concreto y una balsa hecha con neumáticos y planchas y madera, como las que se utilizan para transportar objetos entre la frontera de México y Guatemala. Titulada Documentación de envíos, la pieza se inspira en Gucumatz, la serpiente emplumada también conocida como Kukulkán o Quetzalcóatl, y utiliza su imagen como metáfora de la fuga cultural e intelectual que ocurre debido a las olas migratorias en Mesoamérica. En una de las paredes de la instalación, de León reproduce un fragmento del texto de Leonel Juracán, El sueño de la serpiente, la serpiente del sueño, que hace referencia a varias esculturas antiguas que representan a Gucumatz y a como los significados de estas piezas varían o son descontextualizados en la actualidad por las interpretaciones impuestas por la cultura occidental. Una serie de acuarelas monocromáticas narran el viaje de un dios antiguo por tierras donde es conocido con distintos nombres y que, por el contexto geopolítico actual, es considerado un “ilegal” y simbólicamente un “objetivo” o un tablero del tiro al blanco. [6]

Jorge de León. Documentación de envíos, 2025. Detalle de instalación. Sede: Centro Cultural de España en Guatemala. (Foto: Byron Mármol. Cortesía: Fundación Paiz / Bienal de Arte Paiz)

La performance tiene un rol preponderante en esta Bienal como se aprecia en las propuestas de varios artistas guatemaltecos. Antonio Pichillá Quiacaín participa con un video y varias piezas tejidas que lo sustentan. Según el artista, Bailando con una piedra (2022) “trata de la idea del sincretismo, la mezcla de la religión católica impuesta a la cosmovisión maya”. [7] La obra está compuesta por dos videos. El primero documenta una investigación que el artista realizó sobre las cofradías católicas, las procesiones y el sincretismo religioso, particularmente en Santiago Atitlán, un pueblo maya tz’utujil ubicado al suroeste del Lago Atitlán. El segundo documenta una performance en el que el artista carga una piedra y baila al son de una marimba no solo para celebrar la vida sino como símbolo de reverencia hacia la cultura maya. A través de esta obra, Pichillá Quiacaín muestra su interés por las piedras e inscripciones mayas y destaca su valor como huellas materiales de la energía ancestral, símbolos de sabiduría, autoridad y resistencia.

Antonio Pichillá. Bailando con una piedra, 2022. Detalle de vídeo e instalación. Sede: Centro de Formación de la Cooperación Española. (Foto: Byron Mármol. Cortesía: Fundación Paiz / Bienal de Arte Paiz)

Naufus Ramírez-Figueroa aborda temas relacionados con la memoria y la identidad. En la Bienal, el artista presenta la instalación De espiral en espiral (2025), una pieza que entrelaza la historia colonial europea con recuerdos familiares asociados con la baraja española. A través de la Real Cédula establecida en el siglo XVI, la Corona Española estableció un monopolio sobre la producción y venta de estos naipes. La Real Fábrica de Naipes no solo era la encargada de producirlos, sino que otorgaba concesiones, lo cual permitía, en teoría, controlar la moralidad del juego y asegurar un ingreso para la Corona. Si bien hubo una producción ilegal de naipes, el control estatal de la industria y el juego se mantuvo en España durante varios siglos. Para Ramírez-Figueroa la baraja española tiene connotaciones particulares. En manos de las mujeres de su familia, las cartas se convirtieron en una herramienta para la lectura adivinatoria que les permitió generar un ingreso económico. 

Naufus Ramírez-Figueroa. De espiral en espiral, 2025. Detalle de instalación. Sede: Museo Nacional de Arte de Guatemala. (Foto: Byron Mármol. Cortesía: Fundación Paiz / Bienal de Arte Paiz)

La instalación De espiral en espiral (2025) está conformada por 130 naipes, pequeños rectángulos de lienzo de algodón bordados con puntadas básicas y pedrería sobre. Cada uno de ellos fue realizado por una de 31 bordadoras guatemaltecas bajo la coordinación de Noemi Acajabón Colón. Al reproducir la baraja en forma artesanal, utilizando no solo técnicas textiles originarias sino también una simbología que hace alusión a la cultura maya, Naufus Ramírez-Figueroa establece una conexión directa con su herencia y con los saberes artesanales indígenas

Regina José Galindo. Yo me siento libre (José Rubén Zamora), 2025. Documentación de la performance. (Foto: Sergio Muñoz. Cortesía: Fundación Paiz / Bienal de Arte Paiz)

Por más de 25 años, las performances de Regina José Galindo han tratado temas relacionados con la violencia de género, el legado de la guerra civil, la corrupción y los límites de la democracia. Su propuesta para la 24 Bienal de Arte Paiz no es la excepción. Galindo realizó el performance Yo me siento libre (2025) para el cual se vistió con un traje perteneciente a José Rubén Zamora, periodista guatemalteco y fundador de varios medios de comunicación detenido desde el 2022. De pie frente al Palacio Justicia en la Zona 1, el Centro Histórico y administrativo de la capital guatemalteca, la artista le prestó su voz al periodista y pronunció un discurso en el que denunció no solo las injusticias y vejámenes que ha sufrido en los últimos tres años y cuatro meses desde su detención, sino que además relató detalles de su lucha de más de 30 años contra la corrupción y en favor de la libertad de expresión. Respecto a esta performance Galindo explicó que su acción es una respuesta frente el silencio y la indiferencia, y que es importante recordar que la lucha por la verdad y la libertad es una causa colectiva. Expresó además que “el miedo paraliza, pero la verdad nos libera.” [8]

María Adela Díaz. Futuros Invisibles, 2025.Detalle de vídeo e instalación. Sede: Museo Nacional de Arte de Guatemala. (Foto: Byron Mármol. Cortesía: Fundación Paiz / Bienal de Arte Paiz)

Otra obra de denuncia, en este caso de la contaminación y el deterioro del ecosistema es la instalación Futuros Invisibles de María Adela Díaz expuesta en el Museo Nacional de Arte de Guatemala (MUNAG). En ella la artista llama la atención sobre la crítica situación ambiental del Lago de Amatitlán causada, entre otros, por los altos niveles de cianobacteria que amenazan su ecosistema y las comunidades que dependen de él. Díaz utiliza 40 yardas de tela impresas directamente con cianobacterias vivas extraídas del lago: organismos que, al mismo tiempo que revelan la belleza de lo natural, exponen su degradación. Al emplear la propia materia que contamina, la instalación se convierte en un testimonio vivo de la crisis ambiental. Su presencia revela lo invisible: aquello que permanece oculto bajo la superficie del agua y en la memoria colectiva de las comunidades. Futuros Invisibles invita a reflexionar sobre la relación entre los seres humanos y su entorno, transformando la denuncia en un espacio de encuentro, conciencia y acción compartida. [9]

Verónica Riedel, Tejido del Futuro, 2025. Vista de instalación. Sede: Centro Cultural de España en Guatemala. (Foto: Byron Mármol. Cortesía: Fundación Paiz / Bienal de Arte Paiz)

Otra artista interesada en el hábitat y la naturaleza es Verónica Riedel, quien presenta una instalación colgante en el vestíbulo del Centro Cultural de España (CCE) acompañada de una investigación ilustrada ubicada en el segundo piso del edificio. Según Reidel, Tejido del Futuro (2025) es una metáfora viva del proceso de sanación del Lago Atitlán, herido por la presencia de algas invasoras, cianobacteria y la sobrecarga humana. A través de biomateriales creados con Hydrilla verticillata, tul, algas y hierbas medicinales mayas, emergen biocueros translúcidos y tejidos que evocan un porvenir posible: la regeneración. La pieza concibe el lago como un cuerpo vivo que respira y habla en lenguajes de agua, luz y código. Biocueros suspendidos, ventanas de signos y videos poéticos forman un ecosistema sensorial donde pulsa el código Morse. Palabras mayas como k’auxl (conciencia) y k’ak’arisaj (renovación) brillan como latidos, recordándonos que el agua también tiene memoria. En palabras de Riedel “entre la ciencia y el misticismo, esta instalación propone una alquimia contemporánea: transformar lo contaminante en medicina, el daño en posibilidad. Tejido del Futuro imagina un arte capaz de restaurar vínculos entre humanidad y naturaleza, hilando un diálogo con el conocimiento ancestral y los ritmos del mundo por venir”. [10]

A través de la participación de estos 10 artistas en la 24 Bienal de Arte Paiz se aprecia claramente la diversidad y la riqueza de la escena artística guatemalteca contemporánea, a la vez que confirma como esta importante plataforma ha servido para promover su trabajo y convertir a mucho de ellos en figuras reconocidas internacionalmente.


[1] Eugenio Viola, “El árbol del mundo”, en El árbol del mundo. Guatemala: Fundación Paiz, 2025.

[2] Erick Boror, mensaje por WhatsApp a la autora, noviembre 20, 2025.

[3] Ibid.

[4] Balam Soto. Declaración de artista. https://www.balam.io/artist-statement/

[5] Martín Wannan, mensaje por correo electrónico a la autora, septiembre 25, 2025.

[6] Jorge de León, mensaje por WhatsApp a la autora, noviembre 19, 2025.

[7] Antonio Pichillá Quiacaín, mensaje por WhatsApp a la autora, noviembre 19, 2025.

[8] Regina José Galindo. Última Hora Guatemala. https://www.facebook.com/photo.php?fbid=1239730968202695&id=100064974090515&set=a.489744576534675

[9] María Adela Diaz, mensaje por WhatsApp a la autora, noviembre 19, 2025.

[10] Verónica Riedel. https://riedelveronica.com/xxiv-bienal-de-arte-paiz-guatemala/

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