Benoît Couty: Repensar el arte en la era digital

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Foto de portada: Retrato de Benoît Couty. (Cortesía del entrevistado)  

Benoît Couty es un coleccionista de criptoarte que en 2018 cofundó 0x4rt Consulting, una firma especializada en criptoarte, NFTs y Metaverso. Además de ofrecer capacitación sobre NFTs a distintas instituciones, en 2018 también creó el Museum of Cryptoart (MoCa), un museo en el Metaverso. Estas iniciativas se han sumado a otras propuestas de exhibición como Cryptoart Revolution, una exposición de 2021 donde presentó su colección conformada por más de 800 obras de origen digital, o Criptoarte: Territorios Latentes, realizada este año junto con Fundación Paiz.

Esta conversación con Couty gira en torno a la exhibición de arte digital en Guatemala, que se presenta en el Centro Cultural de Fundación Paiz hasta el 12 de diciembre. La muestra, curada por el francés junto con el también coleccionista alemán Frank Neidig, de Flux Collective, incluye el trabajo de más de 20 artistas de diferentes parte del mundo, quienes exploran su relación con los datos, así como los vínculos entre humanos y máquinas.

Nicole Jacobs: ¿Cómo explicarías qué son los NFTs y el blockchain, y su relación con el arte a alguien que nunca ha escuchado sobre esto?

Benoît Couty: Un NFT es un certificado digital de propiedad vinculado a cualquier tipo de archivo digital. Se puede tomar cualquier archivo (una imagen JPEG, un GIF, un vídeo, etc.) y adjuntarle este certificado. Por otro lado, el blockchain es un registro público gigante. Cuando se crea un NFT, la propiedad de este certificado queda registrada ahí. Debido a que es un registro público, cualquiera puede verificar quién es el propietario actual. Todos pueden acceder, ver y descargar el archivo, pero solo una persona tiene el certificado oficial de propiedad. Para evitar imitaciones, los artistas firman el certificado con una “firma criptográfica” única, ligada a su blockchain. Como esta firma no se puede falsificar, cualquiera puede consultar el registro para comprobar quién es el verdadero creador, lo que garantiza la autenticidad de la obra.

Leander Herzog. Infinite Garden (2025).

NJ: Fuiste uno de los primeros coleccionistas de arte NFT en Francia. ¿Qué te hizo darte cuenta de que esto era el inicio de un movimiento artístico importante?

BC: Descubrí el arte NFT en 2018, cuando todavía era un nicho de apenas 50 a 100 artistas activos, y ahí percibí su potencial como una tecnología liberadora, capaz de operar fuera de los guardianes tradicionales del arte. Muchos de esos artistas venían insatisfechos con el mundo del arte convencional, una comunidad cerrada y por momentos excluyente, y vieron en esta nueva vía la posibilidad de construir un espacio con más libertad: sin depender de galerías ni agentes, sin estar sujetos al canon artístico establecido. Recuerdo un sentimiento de utopía en esos primeros años; el mundo digital les ofrecía algo que antes no tenían: autonomía y acceso directo a coleccionistas y colaboradores.

Joe Pease. Everything is temporary (2023).

NJ: ¿Qué oportunidades ofrece actualmente el mundo del arte digital a artistas nuevos y locales?

BC: El mundo del arte digital abre nuevas oportunidades, sobre todo para artistas históricamente excluidos del mercado internacional, cuya visibilidad sigue concentrada en centros como Nueva York, París o Londres. Con la criptomoneda, los artistas pueden entrar a ese espacio sin que nadie les otorgue acceso, y conectar directamente con coleccionistas interesados. Por ejemplo, trabajamos con artistas locales en Camerún, algunos en ciudades pequeñas y aisladas, con medios muy limitados para vender su trabajo fuera de su país. Un coleccionista adinerado puede comprar una obra recién publicada desde Camerún por unos pocos dólares: una suma insignificante para él, pero importante para el artista.

En el Sur Global, la adopción de criptomonedas responde más a la necesidad que a la especulación: protege ante monedas inestables y permite acceder a mercados internacionales sin depender de sistemas bancarios que suelen excluir a la población rural. Con cripto no se necesita cuenta bancaria ni identificación; basta un teléfono con internet para vender arte a alguien en Nueva York. Esa familiaridad representa una ventaja única para los artistas locales.

Esto no se limita a la criptomoneda: la misma apertura se ve con la inteligencia artificial. Hay quienes creen que la IA “matará” el arte, pero en realidad es una herramienta, no un sustituto: son los artistas quienes canalizan su humanidad en la obra. No es casualidad que sean siempre los primeros en experimentar con cada nueva tecnología.

Justin Aversano. ATLAS, Guatemala (2024)

NJ: ¿Cuáles son las principales barreras que el arte digital debe superar para ganar mayor reconocimiento?

BC: Uno de los retos más comunes es técnico: para coleccionar y comprar arte digital se necesita, por ejemplo, una billetera cripto, y tanto artistas como coleccionistas deben entender la tecnología detrás para empezar a registrar y adquirir estas obras. Sin embargo, este obstáculo pesa menos en países como Guatemala. De hecho, Guatemala, en proporción, tiene más usuarios de criptomoneda que muchos países de Europa, por lo que gran parte del público ya está familiarizado con estas herramientas, aunque no las relacione todavía con el arte.

Otra barrera es la de percepción: las instituciones deben comprometerse con una educación práctica que conecte esa familiaridad existente con el mundo del arte digital, y que ayude a cuestionar las ideas preconcebidas que aún rodean a este tipo de obras.

Hay quienes creen que la IA “matará” el arte, pero en realidad es una herramienta, no un sustituto: son los artistas quienes canalizan su humanidad en la obra. No es casualidad que sean siempre los primeros en experimentar con cada nueva tecnología.

-Benoît Couty

NJ: ¿Qué puede esperar el público guatemalteco de la exhibición Territorios latentes?

BC: La exhibición en Fundación Paíz representa una oportunidad importante para que artistas y audiencias guatemaltecas se relacionen con un ecosistema digital que opera fuera de las estructuras excluyentes del mundo del arte tradicional.

Ni completamente física, ni del todo virtual, la exhibición se despliega como una constelación de obras que exploran los espacios intermedios donde convergen la inteligencia artificial, los sistemas generativos, la tecnología blockchain y nuevas formas de organización colectiva. Más allá de la fascinación tecnológica, la muestra está impulsada por una indagación profundamente humana.

En su centro yace una pregunta esencial: ¿Qué lugar le queda a la humanidad cuando las fronteras entre lo natural y lo sintético se vuelven cada vez más difusas? La exhibición nos recuerda que detrás de los algoritmos, los blockchains y la inteligencia artificial hay preguntas fundamentales sobre la creatividad, la comunidad, la memoria y el futuro.

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