Celia Sredni de Birbragher: Una mirada actual al arte de Guatemala y Latinoamérica

Celia Sredni de Birbragher

Foto de portada: Retrato de Celia Sredni de Birbragher. (Foto: Cortesía ArtNexus)

En 1998 Fundación Paiz realizó la I Bienal del Istmo, evento donde se reunieron expresiones artísticas de diversos autores de la región centroamericana. Siguiendo el formato de concurso que se había establecido desde la Bienal de Arte Paiz, esta nueva plataforma articulaba una conversación regional a través de las imágenes, por primera vez en mucho tiempo. Entre los participantes del certamen destacó el hondureño Armando Lara Hidalgo, quien obtuvo uno de los premios del jurado en la categoría de pintura con su obra Tan cerca y tan lejos.

Así como ocurría con las obras ganadoras desde las primeras bienales organizadas por la Fundación, la obra se integró a la colección que hoy supera más de 300 piezas y que narran la evolución del arte moderno y contemporáneo en Centroamérica. Una de las responsables para que esto pasara fue la colombiana Celia Sredni de Birbragher, invitada como jurado en aquella primera edición de la bienal ístmica. Para ese entonces, Srendi ya se consolidaba como una de las figuras con mayor proyección en el arte latinoamericano gracias a su aporte de investigación y difusión desde su revista, ArtNexus.

Desde su premiación, Tan cerca y tan lejos ha habitado en distintos espacios, entre ellos el hotel Hyatt Centric de la ciudad de Guatemala. Fue en este mismo lugar donde, décadas después del veredicto, la editora colombiana se reencontró con aquella imagen, elaborada a partir de una abstracción ocre de cuerpos planteada por Lara Hidalgo.

Esta charla, nacida del tránsito y el hallazgo fortuito, revisita las apreciaciones de Celia con el arte centroamericano, así como su colaboración con la Fundación Paiz por más de 20 años. El encuentro tuvo lugar durante el cierre de la 24 Bienal de Arte Paiz, El Árbol del Mundo, permitiéndonos reflexionar sobre el pulso actual de la creación en el continente y, especialmente, en la compleja creación cultural de Guatemala y Centroamérica.

Alejandro Ortiz López: Esta conversación nace de su encuentro con Tan cerca y tan lejos, una pintura del artista hondureño Armando Lara Hidalgo, quien fue ganador en la I Bienal del Istmo. 26 años después de haberse celebrado aquel concurso, ¿cómo ha sido reencontrarse con la pieza?  

Celia Sredni de Birbragher: Fui invitada a Guatemala para la primera bienal centroamericana, y fue una experiencia muy interesante. Había en ese entonces un interés especial en destacar lo que estaba sucediendo en América Central porque había muy poca información, y también muy pocas personas que lo podían comunicar.  

No fue la única invitación que tuve de Centroamérica, porque me invitaron también a Nicaragua, Costa Rica y Panamá. Cada uno de esos países fue una experiencia particular, especialmente por la falta de lo que hablo. En esa época todavía no existía ni siquiera el Télex, que fue un gran invento para los medios de comunicación.  

Los países estaban muy desconectados y también la información lo estaba. Para mí fueron muy importantes todas las bienales a las que vine porque pude encontrar artistas de muy buena calidad y darles difusión a través de la revista [ArtNexus]. De hecho, muchos artistas de Guatemala que hoy son muy importantes a nivel internacional, los conocí por primera vez a través de la Bienal de Arte Paiz: Darío Escobar, Naufus, Sandra Monterroso, Pichillá, Marilyn Boror Bor, entre otros.

Tan Cerca y Tan Lejos - Armando Lara Hidalgo
Armando Lara Hidalgo. Tan cerca, tan lejos, 1998. I Bienal del Istmo. (Foto: Fundación Paiz)

AOL: A propósito de ese ir y venir en la región, ¿cómo se ha ido tejiendo su vínculo con el arte de Guatemala a través de la Fundación Paiz? 

CSB: Pienso que uno de los méritos que puedo destacar es que, a lo largo de los años, muchos proyectos empiezan y se acaban. La Fundación es particularmente importante porque su bienal ha durado tantos años ya, es algo que se ha sostenido. 

También ha sido muy interesante ver cómo cada curador se aproxima de manera tan diferente al arte de Guatemala, siendo José Roca un gran parte agua. Él finalmente invita por primera vez artistas extranjeros al país, que me parece es importante porque para muchos creadores y para muchos estudiantes esta se ha convertido en la única oportunidad de ver de primera mano la obra de grandes artistas, incluso de conversar con ellos. 

AOL: ¿Qué puede ofrecer una bienal no solo a los públicos, sino también a personas involucradas en procesos editoriales o de investigación?  

CSB: En la mayoría de nuestros países aprendemos la historia del arte a través de láminas y libros, no tenemos los ejemplares físicos de las obras artísticas. Hay una realidad diferente entre una imagen reproducida y la obra real, por lo que pienso que uno de los grandes aportes que hace una bienal es precisamente reunir una serie de obras y poderlas ver físicamente. 

No todas las bienales son iguales porque cada una depende mucho del criterio del curador, pero también a través de ellas conocemos mucho más sobre esta persona, de su manera de pensar y entender un tema específico. En particular la Bienal Paiz ha hecho un esfuerzo importante en los últimos años en invitar curadores destacados.  

Una anécdota que de la que me recuerdo ahora tiene que ver con una bienal de pintura en Nicaragua, que era una de las pocas bienales locales, y a la que fui invitada como parte del jurado. Éramos tres curadores y en ese momento, le dimos el premio a Patricia Belli, con una obra que era un vestido con una especie de alas pintadas. A la par de la obra, colgaban otros cuadritos que estaban en competencia y que seguramente eran de señoras que pintaban los domingos.  

La gente estaba muy indignada porque le habíamos dado un premio de pintura a una obra que no era una pintura. Lo que es muy interesante es que, a partir de ese evento, las bienales locales empezaron a cambiar, se volvieron “bienales de arte”, y ya no necesariamente de pintura.  

Portada de la Revista ArtNexus. Edición 124. (Foto: Cortesía ArtNexus)

AOL: ¿Cree que los públicos tienen el deber de pedir que haya continuidad de proyectos artísticos como, por ejemplo, una bienal?

CSB: Yo creo que puede haber paralelos entre la Bienal Paiz y otras iniciativas en América Latina. En su mayoría, los proyectos existen por voluntad de una familia, como la Paiz, de sostener un proyecto cultural. Este es un proyecto que si bien nació hace tres generaciones, sigue funcionando y eso es muy particular que ocurra en otros lugares. En muchos países de América Latina los proyectos culturales son casi siempre privados. Quizás con muy pocas excepciones como México o Brasil, que tienen estructuras culturales mucho más fuertes. 

Son tan frágiles las estructuras culturales en la mayoría de los países de América Latina que, con solo el cambio de un gobierno a otro, se caen los proyectos y no hay continuidad. No hay estructuras suficientemente fuertes para que los proyectos sigan, y eso no es un problema de estructura de gobierno, sino de historia.  

Creo que algunos proyectos culturales que han sido fuertes e interesantes son generalmente los de economía mixta, donde funciona la inversión privada y el gobierno. De hecho, en Brasil hay una asociación de galerías que cuenta con el apoyo del estado. Claro que dependiendo del gobierno tienen más o menos apoyo. Creo que en esos casos es donde ha funcionado mejor y donde se ha podido mantener por un lado el interés privado y el apoyo económico desde el estado.  

Creo que una de las cualidades del arte es la posibilidad de discusión y de aprender. No necesariamente hay una verdad universal, existen muchos matices de grises incluyendo en cada obra, en cada artista, y me parece que es ahí, en la posibilidad de la discusión, donde es muy interesante e importante la producción del arte. 

Celia Sredni de Birbragher

AOL: En ese sentido, cabría hablar de Latinoamérica como un territorio donde cada vez existen más eventos de arte contemporáneo, como ferias o bienales. 

CSB: Estamos viviendo unas épocas muy particulares donde se congrega el arte y así como hay muchas bienales, hay bastantes ferias de arte. Está el caso de México, Colombia, Brasil, Perú, o Argentina.  

Un comentario interesante es que a veces, algunas bienales suelen parecer más ferias de arte y algunas ferias parecen más bienales. Es todo un tema porque cada vez hay más proyectos curados en las ferias y hay mucha más influencia económica de parte de las galerías en las bienales.  

En muchas bienales esto es muy obvio, especialmente en Venecia, donde la bienal está apoyada por galerías que aportan recursos; algo que no necesariamente compromete al curador, sino que el curador compromete a la galería: escoge la obra, pero consigue el apoyo de la galería para poder llevar a cabo el proyecto. 

Ahora hay un cruce entre los conceptos y el valor económico. Creo que es una cosa inevitable que el arte ha adquirido en estas épocas una dimensión económica muy alta, cosa que no sucedía, te puedo decir, inclusive en los años 80, donde las obras sí que se vendían, pero no estaba todo este boom económico, con precios tan altos y una valorización a veces demasiado rápida de artistas muy jóvenes.  

AOL: ¿Existe tal cosa como el “éxito” de un proyecto artístico?   

CSB: Creo que una de las cualidades del arte es la posibilidad de discusión y de aprender. No necesariamente hay una verdad universal, existen muchos matices de grises incluyendo en cada obra, en cada artista, y me parece que es ahí, en la posibilidad de la discusión, donde es muy interesante e importante la producción del arte. 

Performance Yo me siento libre (José Rubén Zamora) de Regina José Galindo, presentado durante la 24 Bienal de Arte Paiz. (Foto: Sergio Múñoz / Fundación Paiz)

AOL: Las bienales surgieron como dispositivos críticos a la historia, y como lugares donde finalmente se podía “conversar” tanto de la conflictividad como del estado actual del mundo. ¿Sigue teniendo ese mismo propósito? ¿Cómo reacciona a la propuesta desarrollada para El Árbol del Mundo

CSB: Creo que, en el caso particular de Guatemala, es realmente sorprendente que la Bienal permite exponer piezas muy críticas. [En el caso de la 24 Bienal de Arte Paiz] estoy hablando de las obras de Regina José Galindo, Voluspa Jarpa o María Adela Díaz. Creo que estas tres artistas lograron dentro del concepto la última bienal, hacer aportes críticos muy fuertes sobre realidades que estamos viviendo. Entonces, me parece que sí, las bienales permiten esos diálogos. Es muy importante que eso exista en un país como Guatemala. 

AOL: ¿Cómo se observa Guatemala en términos de producción artística contemporánea? Actualmente, el discurso anticolonial y la llegada de la narrativa indígena son prácticamente nuestra carta de presentación con el mundo. 

CSB: Pienso que estamos viviendo épocas muy interesantes después de un largo periodo de inclusión de artistas euroamericanos. Esto viene de una toma de conciencia tanto de los grandes museos del mundo como de los gobiernos que aportan recursos a estos museos al incluir al “otro”.  

Pero creo que más allá de incluir al “otro”, lo importante es incluirlo con calidad. En medida que los museos empiezan a buscar y adquirir obras de mujeres, de afrodescendientes, indígenas, personas trans; estos artistas empezarán a tener mercado. Entonces, es así como el juego intelectual y el mercado se empieza a entrelazar.  

Creo que, en el caso específico de Guatemala, se trata de un país que tiene sorprendentemente muchos artistas indígenas que están aportando desde sus comunidades y cuyos trabajos tienen buena calidad. En ese sentido, Guatemala está haciendo un aporte importante a nivel internacional, claro que mucho de ese aporte ha pasado por la Bienal de Arte Paiz.  

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