Foto de portada: Luis González Palma. Confesión (1990).
Con motivo de la visita de Luis González Palma al Centro Cultural de la Fundación Paiz, donde recientemente se presentó la exposición Arte y memoria: Medio siglo de la Bienal de Arte Paiz que incluye su obra Confesión (1988), Francine Birbragher-Rozencwaig, directora artística de la Fundación Paiz, conversó con el artista.
Francine Birbragher-Rozencwaig (FBR): Estimado Luis, nos alegra enormemente que hayas tenido la oportunidad de visitar el nuevo Centro Cultural. Gracias por acceder a esta entrevista. Para comenzar, cuéntanos sobre tus inicios en el mundo del arte.
Luis González Palma (LGP): Nací en Guatemala en 1957. Siempre tuve la necesidad de ser artista. Desde adolescente pintaba. Como en Guatemala no había donde estudiar arte, cursé arquitectura en la Universidad San Carlos de Guatemala, pues era lo más cercano a las artes. Mi tesis era sobre la integración plástica en la arquitectura. Por casualidad, comencé a explorar la fotografía mientras comenzaba a practicar la arquitectura. Al final no saqué el título pues no hice la tesis. Mi pasión por la fotografía pudo más y me dediqué a ella.
Cuando me empecé a interesar en la fotografía me integré al Club Fotográfico de Guatemala. Tomé clases y empecé a hacer mis imágenes. El club organizaba concursos internos por temas. Un mes pusieron como tema “artistas”. Yo conocía a Rosina Cazali que estaba casada con Moisés Barrios. Le pregunté a Moisés si le podía tomar fotos. Me dijo que sí y nos hicimos amigos. En 1987 Moisés y yo fundamos la Galería Imaginaria en Antigua, Guatemala.
FBR: ¿La idea de realizar retratos comenzó con ese concurso?
LGP: Sí, la idea de los retratos de artistas nació por el concurso. Ese tema me llevó a conocer a otros artistas como Isabel Ruiz y Erwin Guillermo. Fue un gran aprendizaje. En esa época estaba casado con una bailarina. Conocí también a Francisco Morales Santos, el conocido escritor guatemalteco, y a Pablo Swezey, el escultor. Conocer a todas estas personas que practicaban distintas disciplinas fue fundamental. Ese conjunto de “miradas” fueron formándome.

FBR: Ya en ese entonces comenzabas a desarrollar una técnica propia.
LGP: Comencé a experimentar, a usar pintura, betún, a rasgar las fotografías. No le tenía el respeto que el fotógrafo tradicional le tenía a la imagen impresa. Esa libertad me la daban los otros artistas. No soy quien soy por mí mismo, sino que tuve una relación muy enriquecedora con muchas disciplinas. Gracias a ella pude ver que existía una forma más rica de representar el mundo.
FBR: Mencionaste anteriormente el proyecto de la Galería Imaginaria.
LGP: Cuando conocí a Moisés me salí del Club Fotográfico. Le planteé a Moisés la idea de exponer conjuntamente nuestro trabajo. En Guatemala existían dos o tres galerías, incluyendo Sol del Río, dirigida por Víctor Martínez, pero decidimos abrir nuestra propia galería. Allí mostramos nuestro trabajo y el de otros artistas, incluyendo el del mexicano Mario Torres Peña. De esa forma comencé a hacer visible mi obra.
En una movida audaz de mi parte, me fui a México en autobús porque no tenía recursos. Me reuní con el director del Museo de Arte Moderno de México (MAMM) y le presenté nuestro trabajo. Le dije que era el momento de reconocer lo que estaban haciendo los aristas guatemaltecos y en particular quienes estaban asociados a la Galería Imaginaria. A principios de 1988 la muestra, curada por Esperanza Cabral, fue presentada en MAMM.
Después de la muestra de México, la directora del Museum of Contemporary Hispanic Art (MoCHA) de Nueva York aceptó mostrar la exposición de Galería Imaginaria, una colectiva que incluía obras de Isabel Ruiz, Pablo Swezey, Moisés Barrios y Erwin Guillermo. Al mismo tiempo, presentó la muestra individual de mi trabajo titulada Autoconfesión (1990).
Varios años después presenté una exposición individual en La Maison de l’Amérique Latine, en París. Esa muestra la vieron los curadores de FotoFest de Houston que en ese momento buscaban fotógrafos latinoamericanos para la edición que conmemoraba los 500 años de la llegada de Colón a América. La edición de 1992 de FotoFest incluyó, además de una muestra colectiva, tres exposiciones individuales: una de la mexicana Flor Garduño, otra del brasileño Mario Cravo Neto y la tercera de un fotógrafo guatemalteco “desconocido”, Luis González Palma. A partir de mi participación en FotoFest mi obra adquirió visibilidad a nivel internacional.

FBR: Para ese momento ya habías desarrollado un estilo propio.
LGP: Después de inaugurar la Galería Imaginaria, Moisés fue a México e invitó a Mario Torres Peña a exponer en la galería. Nos hicimos amigos. Mario le echaba betún de judea a los grabados para envejecerlos. Me pregunté: ¿Por qué no hacerlo yo también? ¿Cómo se verán las fotografías al hacerlo? Los fotógrafos creían que al colocar betún se podía dañar la emulsión, pero a mí me llamaba la atención envejecer las imágenes. Luego pensé: ¿Por qué no blanquear la parte de los ojos? Y comencé a hacerlo.
FBR: Guatemala ofrecía una gran riqueza a nivel temático y tú optaste por el retrato.
LGP: Nos juntábamos para hablar sobre qué imágenes se necesitaban. El tema de la identidad era importante ese momento. No se conocía mucho de la identidad guatemalteca. Las fotografías que se conocían eran las imágenes turísticas que mostraban al guatemalteco exótico, el colorido de su cultura material y las imágenes foto periodísticas del conflicto armado. Me llamaba la atención que los modelos nunca miraban a la cámara. Yo quería retratar a la gente y que las imágenes transmitieran el mensaje: “¡Aquí estoy presente, con dignidad!”. Mi objetivo era presentar la alegoría con poética presente en Guatemala. Buscaba que el modelo estuviera presente, pero no confrontando al espectador. Desarrollé la serie de retratos frontales en la que los sujetos veían directo a la cámara. Usando betún envejecí las imágenes dándoles un tono tierra que hacía referencia a la naturaleza, pero también a las imágenes religiosas de las iglesias coloniales. Mi intención primordial era darle presencia a la persona retratada, visibilizarla.

FBR: ¿Quiénes eran los y las modelos?
LGP: Buscaba representar los rostros de Guatemala. Una de las modelos era la hija de la artista Isabel Ruiz. Algunos eran indígenas aunque debo aclarar que nunca fui a un pueblo en busca de modelos indígenas. Me interesaba ante todo la mirada, el aspecto emocional que me transmitía la mirada del personaje. Una de las modelos era la novia de un amigo. Otros eran el jardinero, la empleada doméstica, el guardaespaldas, en fin, lo primordial era la mirada. Esta debía estar cargada de emoción, de sensibilidad. Mi elección era intuitiva.
La mirada que muestro en la fotografía es el espejo de alguien que ve el mundo de una forma melancólica, con una esperanza cansada y dolorosa que representa la Guatemala de la época de los ochenta y los noventa. Esa era la búsqueda en ese momento en el que realicé esos retratos.
No soy quien soy por mí mismo, sino que tuve una relación muy enriquecedora con muchas disciplinas. Gracias a ella pude ver que existía una forma más rica de representar el mundo.
-Luis González Palma
FBR: Residiste en Paris por un tiempo…
LGP: Sí, viví en Paris dos años y medio, entre 1994 y 1995. Tuve deseo de quedarme a vivir en Francia pero sentí que tenía que regresar a Guatemala. Mi país me ofrecía un campo abierto y quería explorarlo. Tuve experiencias muy enriquecedoras.
Me enamoré de una argentina y me mudé a Córdoba. Tuvimos dos hijos. Allí dejé de interesarme por el retrato. En Argentina el tema del psicoanálisis es muy fuerte. Me interesé por el inconsciente y mi obra se complejiza, cambia la dirección. Los retratos cambian.
Mi trabajo actual es más conceptual. La vida en Córdoba me llevó a interesarme en la astronomía. El Observatorio Astronómico de Córdoba es el segundo más antiguo del Cono Sur. Cambió mi relación con el mundo y cambió mi trabajo. El contexto en el que vives cambia la forma como concibes el mundo y como lo tratas de expresar.

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