Vista general de Habitar el diálogo: Pedagogías críticas en Centroamérica (EspIRA + RAPACES 2007 – 2019). (Foto: Ana Werren. Cortesía: La Nueva Fábrica)
Habitar el diálogo: Pedagogías artísticas en Centroamérica (EspIRA + RAPACES 2007–2019) es un proyecto convocado por La Nueva Fábrica en colaboración con la artista nicaragüense Patricia Belli y la curadora costarricense Erika Martin Arroyo.
La propuesta ha tejido una conversación a partir de obras creadas por 23 artistas que participaron en espacios pedagógicos que sostuvo Patricia Belli, junto a la camaradería de distintos actores culturales de Nicaragua y otras partes del mundo.
Más de 20 años después de iniciarse aquellos esfuerzos, ‘Habitar el diálogo’ celebra las redes de creación y articulación que surgieron a partir de encuentros de formación colectiva. Por otro lado, honra la apuesta educativa que, desde Nicaragua, promovió nuevas conversaciones entre el istmo durante las últimas dos décadas.
Centroamérica es una tierra que, entre las varias ideas que se tienen sobre ella, despierta dos comunes: la primera, tiene que ver con el entendimiento de la franja como un territorio hiperconectado en el que nos hemos llegado a sentir hermanados más allá de las fronteras. Esto se contradice con la segunda idea, que es esa que nos recuerda que la unidad ha sido un proyecto aún en construcción, pero, sobre todo, lento y distante.
A un lado de las utopías por esa unificación, podríamos reconocer las prácticas educativas de alguien como Patricia Belli, que fomentaron proyectos en los que anualmente se reunían cientos de jóvenes centroamericanos(as) -en intercambios de 15 a 20 personas por año- para compartir sus experiencias a través del ejercicio artístico. Los encuentros también buscaban unificar ideas y prácticas ancladas a un mismo tejido histórico.
En 2004, Belli convirtió su casa en Managua en la sede de EspIRA – el Espacio Para la Investigación y Reflexión Artística-, dirigido a artistas nicaragüenses que participaron de ejercicios donde era frecuente el diálogo y una autocrítica dirigida al desarrollo de la potencia de cada participante. El proyecto mutó a EspIRA/LaEspora, organización que instauró programas formativos en Nicaragua, promoviendo pedagogías que buscaban el desaprendizaje de hábitos rígidos de la educación formal.

Mariela Richmond, Archivos de la tierra, 2025. (Foto: Ana Werren. Cortesía: La Nueva Fábrica)
Después de haber empezado el taller orientado a jóvenes creadores nicaragüenses, Belli unió esfuerzos para promover RAPACES, -la Residencia artística para artistas centroamericanos emergentes-, un programa que reunió a personas de todo el istmo por varios días en Nicaragua para desarrollar ejercicios pedagógico-artísticos.
Al mismo tiempo, estos grupos dieron forma a nuevas generaciones de artistas que guardan hilos en común junto a las ideas de Patricia Belli, cuyo trabajo artístico ha sido motivado, en palabras suyas, por la “revelación, la especulación y la búsqueda de la empatía”.
Los espacios que la artista desarrolló fueron posibles gracias a una red colaborativa de investigadores y artistas oriundos de Nicaragua (entre ellos, Raúl Quintanilla, así como familiares de la misma artista), además de personas de diferentes partes del mundo, quienes viajaron para desarrollar ejercicios con los grupos de artistas. Entre los invitados extranjeros estaban Moisés Barrios (de Guatemala), Francisco Quesada (México), Adrián Arguedas (Costa Rica), Claudia Fontes (Argentina), Dora Bahía Long (Brasil) o Keiko Sato (Japón) o Gillion Grantsaan (Surinam).
Durante el tiempo de actividad de EsPIRA y RAPACES, viajaron a Nicaragua artistas guatemaltecos como Marilyn Boror Bor, Edgar Calel, Yavheni de León, Mario Hernández o Camile Juárez. Entre julio y octubre de este año, obras de estos artistas han formado parte de la exposición Habitar el diálogo: Pedagogías artísticas en Centroamérica (EspIRA + RAPACES 2007–2019).
Cruzando historias centroamericanas
En exhibición dentro de La Nueva Fábrica (LNF), el proyecto sigue una línea de investigación desarrollada por la curadora Erika Martin Arroyo, quien ha compilado y analizado el trabajo pedagógico y colaborativo de Patricia Belli durante los últimos años. La conversación intergeneracional, tanto de Martin con Belli, y de ambas con los 23 creadores que participan en la exposición, se convierte en un valor importante de la muestra que pone en diálogo el trabajo de 23 artistas que alguna vez pasaron por EspIRA y RAPACES.
La exposición en LNF reúne obras de artistas centroamericanos(as) que continúan desarrollando sus ideas y prácticas después de haber coincidido en los espacios creados por Belli. Sobre la selección de obras y autores, Martin Arroyo explica que se centró en comprender la influencia crítica de aquellos espacios experimentales basados en Nicaragua. “Nos interesaba revisitar la escuela desde el presente para exponer su impacto sobre generaciones de artistas de la región”, señala la curadora.
Es así como el diálogo que proponen con sus piezas nos ofrecen conectar con relatos comunes de la región y los cuales son mediados por fotografías -entre ellas, las documentaciones de una performance de Javier Calvo o la cotidianidad de la periferia urbana de Guatemala capturada por Camile Juárez-, esculturas –como la que Darwin Andino presenta utilizando ladrillos y ramas-, vídeos -en los que destacan las tensiones del género por parte de ELYLA o La Lola Rizo-, propuestas gráfica -en las que se han dejado ver piezas de Abigail Reyes, Yavheni de León o Anna Matteucci- así como las instalaciones –destacando, entre varias, un inmenso “tetario” que honra el trabajo de mujeres y feminidades a partir de la ironía de un rosario hecho por li vallejo t.; o los pliegos en gran formato de un diccionario de conceptos para no olvidar la memoria indígena, elaborados por Marilyn Boror Bor-.












Esta reunión de piezas dialoga con distintas capas de la vida en Centroamérica, pasando por la militarización, la naturaleza que se regenera, las fricciones del poder o la resiliencia tanto personal y colectiva. La muestra se propone así como una misma historia compartida, a pesar de la frontera. “Son piezas políticas que hablan de una forma crítica sobre el contexto, desde experiencias personales”, comenta Erika Martin Arroyo, vinculando esas historias únicas dentro de un entramado común que también es metáfora de la región.
El Circo, una instalación creada por Patricia Belli en 2001 también forma parte de Habitar el diálogo. Aunque se trata de una nueva versión de la obra para la muestra en LNF, este montaje resuena con la esencia de la exposición: pensar América Central como una red donde los poderes interceptan y condicionan la fragilidad de sus habitantes. De esta manera, la obra de Belli retrata la tensión a la que se somete la vida de un lugar habitado por muchos, a través de muñecos de tela, cuerdas, ganchos y poleas.
Celebrar el encuentro y la red
La dominación de esos poderes rígidos y a veces estancados, suele llegar a los mismos sistemas de educación artística. Este tema ha sido móvil para el desarrollo de propuestas innovadoras desde la pedagogía como las de Patricia Belli, quien, a través de EspIRA y RAPACES, permitió por varios años la imaginación de narrativas que podrían ser útiles para hacer visible una historia del arte que no está escrita.
Habitar el diálogo es también la primera muestra que reúne exclusivamente artistas centroamericanos más allá de Guatemala, en LNF. Esto responde a una valorización por el desarrollo de plataformas que han sido semilleros de creación en América Central, y que, para Ilaria Conti, directora ejecutiva y curadora de LNF, son importantes dada “la toma de iniciativa y el saber inventarse dónde empezar un nuevo espacio de formación”.

Patricia Belli, El Circo (versión II), 2001-2024. (Foto: Ana Werren. Cortesía: La Nueva Fábrica)
Conti señala que la articulación de Patricia Belli también destaca por una calidad de itinerancia que fue útil para sus proyectos, reconociendo el magnetismo colectivo que convocaba a jóvenes artistas y a mentores de distintas territorialidades. “No se me ocurre quiénes en la región se junten a hacer algo así ahora. Pensar qué tipo de red se va construyendo, desarrollar el método de lo comunal y de cómo hacer para que las personas puedan encontrarse es sumamente lindo”, comparte.
Patricia Belli argumenta que el mayor logro de EspIRA y RAPACES se encuentra en las redes, tanto afectivas como las de trabajo y proyectos que promovieron. A un lado de esto, también logró incidir en espacios como la academia:
“En varios países de la región, artistas formados en el programa se dedicaron después a la pedagogía, dando continuidad a una visión transformativa del arte, socialmente responsable, cruzada por la experiencia personal, mediante un aprendizaje basado en el diálogo”, señala la artista y educadora.
Esto se vuelve también en un intercambio valioso para que lugares como Centroamérica puedan ser comprendidos, dice Erika Martin Arroyo: “Necesitamos ver más allá de nuestras fronteras. Somos países pequeños; una franja que debería ser fácil de transitar, y sin embargo no lo es, convirtiéndonos en islas sumergidas en nuestras fragilidades, problemáticas sociales e inestabilidad política. Hay que pensar entonces en cómo se pueden generar más intercambios que nos beneficien en el desarrollo de nuestros espacios, ya sea como instituciones, o de nuevas historias”.
Para Patricia Belli, la construcción de espacios colectivos es un buen punto de partida para resquebrajar inseguridades en una zona como la nuestra. Concluye que “los miedos y las dinámicas de silencio primero hay que reconocerlos, y para eso, hablar es útil”, puesto que se facilita la comprensión de las propias heridas (personales, sociales o la que esté consumiendo). Insiste en aprender de la confianza: “El colectivo es un camino hacia la designación de la llaga y la articulación de tu posicionamiento al respecto; desde ahí el camino conduce a la autonomía creativa y expresiva… porque una vez que la idea se articula en vos, es difícil no expresarla”.

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