Foto de portada: Detalle de fotografía sublimada sobre tela de la exposición Hipersitición Tropical, de Antonio José Guzmán e Iva Jankovic, 2026. (Hipersitición Tropical, 2026. © Pabellón de Panamá)
Diana Cuéllar conversa con las curadoras y gestoras Mónica Kupfer y Ana Elizabeth González sobre el trabajo en conjunto que hizo posible la presencia de Panamá en la más reciente Bienal de Venecia.
En esta nueva edición, la Bienal de Venecia que se titula In Minor Keys, ofrece una perspectiva sobre la resiliencia y la imaginación a lo largo del mundo. La gran exposición inauguró en mayo y concluirá en noviembre de 2026, representando el trabajo de cerca de 100 artistas de todo el mundo.
Con motivo de la presentación del pabellón nacional de Panamá en la 61.ª Bienal de Venecia, conversé con sus curadoras: Mónica Kupfer, reconocida curadora y crítica panameña, fundadora de la Bienal de Panamá; y Ana Elizabeth González, gestora y curadora, quien actualmente dirige el Museo del Canal de Panamá.
El proyecto desplegado, y que se titula Hipersitición Tropical, cuenta con el trabajo de los artistas Antonio José Guzmán e Iva Jankovic, quienes reactivan narrativas silenciadas sobre las comunidades desplazadas durante la construcción del Canal de Panamá y la creación de la Zona del Canal —un enclave territorial de 10 millas de ancho gobernado por Estados Unidos durante la mayor parte del siglo XX—.
La obra sitúa a Panamá no solo como un lugar global de tránsito, sino como un territorio marcado por la ambición imperial, el poder logístico y la ingeniería social de la modernidad colonial.
Diana Cuéllar: Entiendo que esta es la segunda ocasión que Panamá tiene presencia en la Bienal de Venecia.
Mónica Kupfer: Con un pabellón nacional, sí, pero anteriormente (desde 1988 hasta 2015), había participado junto a otros países de la región en los pabellones organizados por el Instituto Italo-Latinoamericano.
DC: Cierto, me refería a un pabellón nacional. Pero lo que mencionas es interesante porque habla sobre la región y la estructura de la Bienal de Venecia. Históricamente siempre ha habido presencia centroamericana, pero como la Bienal opera bajo el paradigma del Estado-nación, muchos artistas centroamericanos, y latinoamericanos en general, no habían tenido ocasión de presentar su trabajo desde un pabellón nacional. Estoy pensando en Regina José Galindo, por ejemplo, que incluso ganó el León de Oro en 2005, pero ese año Guatemala no tuvo pabellón. En ese sentido, es un hito lo que Panamá está haciendo y quiero que nos compartan cuál es la repercusión que eso está teniendo en la escena local.
Ana González: Creo que este tipo de escenarios crea una presión en un sector cultural con una infraestructura todavía incipiente. Nuestro Ministerio de Cultura tiene solo seis años y desde nuestra alianza interinstitucional con el ministerio estamos aportando a que el Estado sepa que tiene que invertir en infraestructura y capacitación para el personal que va a dedicarse a ello… Para estos dos primeros pabellones de Panamá colaboraron tres instituciones con un recorrido extenso y personal capacitado, que incluye Fundación Ciudad Saber, Fundación Arte y Cultura y la Fundación Museo del Canal de Panamá.
MK: Para los artistas ha sido como un pequeño despertar. En esta ocasión, se hizo una convocatoria abierta pública y la respuesta fue fenomenal. Se presentaron 89 propuestas, que para nuestro país es un número considerable. La selección la hizo un jurado de seis expertos, cuatro internacionales y dos panameños.








DC: Con respecto a esto, pienso que muchas veces en nuestros países los proyectos se mueren porque darles continuidad es muy difícil. Entonces, a veces lo importante es mantener vivo al paciente.
MK: Aquí lo que había era el reto de lograr un segundo pabellón, tratando de ser justas con el ambiente artístico local.
DC: Los artistas seleccionados estuvieron ya en la Bienal anterior, pero en la exposición del Arsenal. Yo los vi ahí, después en Panamá, en su exposición en el Museo de Arte Contemporáneo, y los he visto también en una exposición de galería en NG, también en Panamá. ¿Desde el punto de vista curatorial, ¿cuál es la diferencia entre esas experiencias y la concreción que da un pabellón nacional?
MK: Hay un cambio de escala, pero es no solo el tamaño físico, sino también en su dimensión psicológica. En esta ocasión, en vez de presentar solamente lo que ya venían haciendo, dieron un brinco a algo más impactante y muy ligado a la historia de Panamá y el canal de Panamá, de una manera que no sentí en sus obras anteriores.
AG: Me impresionó el nivel de profundidad de su investigación. Durante el proceso, nos metimos en colecciones, en bibliografía… Es un tema del que los panameños no necesariamente conocen muchos detalles y se inscribe en una conversación muy contemporánea, dada la mirada que el canal está teniendo en la geopolítica internacional.

AOL: Centroamérica es una de las regiones que más migración tiene. Entiendo que Panamá en concreto no es precisamente un país de migrantes, pero en este caso, Antonio José Guzmán reside fuera de Panamá y lleva un tiempo operando fundamentalmente en Europa. En ese sentido, percibo que se integra a la conversación de lo decolonial que en estos momentos ocupa un lugar central en Europa, pero que tal vez no es la conversación que está ocurriendo en Panamá o no está ocurriendo de la misma manera. ¿Pueden comentar un poco de eso?
AG: Definitivamente sí se ve, quizás en los dispositivos o los lenguajes que
utilizan los artistas cuando han trabajado fuera. También creo que su experiencia como afro-panameño ha informado mucho la práctica de él específicamente y cómo busca hablar desde su identidad hacia un contexto foráneo, quizás sería diferente si estuviera habitando el contexto local.
MK: El hecho de vivir lejos, a veces despierta en los artistas una conexión especial con sus países de origen. Creo que es el caso con Antonio José Guzmán, cuyo proyecto con Iva Jankovic para Venecia trata de un tema muy panameño. No solo le están diciendo al mundo que en la historia de Panamá hubo esta terrible injusticia y racismo, también se lo están diciendo a los panameños; entonces, están revelando una verdad histórica adentro y afuera.

DC: En países que tienen una institucionalidad sólida, la participación en eventos como la Bienal de Venecia es función del Ministerio de Cultura, o de otros ministerios del sector público. Pero en el caso de ustedes, surge desde el inicio como modelo mixto y parece que para allá vamos todos. Por haber estado atrás ahora están adelante. Enséñenos algo a los demás. ¿Qué podemos aprender de esta experiencia del modelo público-privado?
AG: Lo nutrido ha sido que pudimos fortalecer esa participación a través de las capacidades y las fortalezas de cada una de las partes involucradas. Contamos con el músculo institucional de estas fundaciones sin fines de lucro, que apostaron por trabajar en este proyecto-país también junto con el Estado.
MK: El apoyo que logramos la vez pasada implicó un trabajo difícil. Como el Estado nos dio su aval, pero muy poco apoyo económico, tuvimos que levantar fondos con individuos y fundaciones privadas. Fue desde lo privado que entusiasmamos al Ministerio de Cultura, por eso esta vez se apuntaron en serio, con fondos significativos. ¿Cuál es el siguiente paso? Nosotras queremos dejar un testimonio. Para que esto pueda tener continuidad y que el ministerio lo siga apoyando, ameritaría la creación de una comisión público-privada a largo plazo.
DC: Hace dos años la exposición que se presentó en Venecia se mostró después en el Museo del Canal de Panamá. Es importante porque mucha gente no puede ir hasta allá y porque así se genera entusiasmo más allá del mundo del arte. ¿Repetirán la ecuación este año?
MK: Sí. Aunque no sé cómo vamos a meter esa enorme hamaca en el museo, sé que traer la muestra al país vale la pena. Siempre cito el número de visitantes, porque nunca había tenido una experiencia así: A nuestro Pabellón de Panamá en Venecia en 2024 llegaron 45mil personas y al presentarlo en el Museo del Canal recibimos a 55 mil más.
AG: Tenemos un programa educativo para personas del interior que a veces no han venido nunca a ciudad de Panamá. Que puedan ver esto y ver como su país está siendo representado a nivel global o internacional es sumamente conmovedor.

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