Los formatos artísticos de la 24 Bienal de Guatemala

Foto de portada: Luz Lizarazo. Ambular, 2025. Vista de instalación. (Foto: Byron Mármol Muñoz. Cortesía: Fundación Paiz / Bienal de Arte Paiz)

La vigésimo cuarta edición de la Bienal de Arte Paiz, en curso hasta el 15 de febrero de 2026 en diversas sedes de la ciudad de Guatemala y Antigua Guatemala, destaca este año por la diversidad de formatos y la creatividad de los lenguajes artísticos presentados.

La Bienal de Arte Paiz existe como un espacio donde convergen múltiples prácticas y lenguajes artísticos con el fin de abrir una puerta al mundo del arte contemporáneo. A través de una amplia variedad de formatos, que van desde las artes visuales tradicionales hasta propuestas interdisciplinarias, performativas y experimentales, la bienal amplía las posibilidades de cómo el arte puede ser creado y comunicado. Esta edición se concibe como un laboratorio vivo de ideas, narrativas y experiencias estéticas.

Con El Árbol del Mundo como eje conceptual, esta edición de la Bienal destaca obras que incorporan biomateriales y procesos naturales para reflexionar sobre el mundo natural y su interrelación con la experiencia humana. A través del uso de fibras orgánicas, tierra, semillas y plantas, muchos artistas subrayan la interdependencia entre la humanidad y la naturaleza. La materialidad misma se convierte en un lenguaje para transmitir una visión artística. Desde Guatemala, Erick Boror sobresale por su uso de lana de oveja en tejidos que rinden homenaje a la tierra, al maíz y a la lucha indígena contemporánea. Por su parte, Verónica Riedel emplea algas, cianobacterias y desechos electrónicos recolectados en el Lago Atitlán para confrontar la tensión entre el progreso capitalista y el deterioro ambiental que este genera. Artistas como Tania Candiani, Ximena Garrido-Lecca, Jennifer Tee, Igor Grubić y Kite recurren a árboles, tierra, madera, semillas y plantas para abrir diálogos en torno a la conciencia colectiva, la espiritualidad, la relación cuerpo/tierra, la migración y la herencia cultural.

Tania Candiani en colaboración con Dr. Juan Espinosa Gonzalez. Asamblea de árboles, 2025. Vista de instalación. Sede: Museo Nacional de Arte de Guatemala.
(Foto: Byron Mármol. Cortesía: Fundación Paiz / Bienal de Arte Paiz)
Jennifer Tee. Estructuras ancestrales 1, 2, 3 and 4, 2025. Vista de la instalación. Sede: Centro Cultural Municipal. (Foto: Byron Mármol. Cortesía: Fundación Paiz / Bienal de Arte Paiz)
Verónica Riedel. Tela del futuro, 2025. Vista de instalación. Sede: Centro Cultural de España en Guatemala. (Foto: Byron Mármol. Cortesía: Fundación Paiz / Bienal de Arte Paiz)

En sintonía con esta exploración de la naturaleza, la memoria y la interconexión humana, el uso del textil ocupa un lugar central en la Bienal como un lenguaje simbólico que teje un hilo continuo a través de la humanidad y sus historias. Artistas locales como Jeff Cán Xicay y Erick Boror recurren al textil como tributo a los pueblos mayas: Xicay incorpora frases del libro comunitario Kaqjay (2006-////) a través de cuatro telares, y Boror integra los colores tradicionales del maíz en sus textiles para honrar la tradición de los pueblos mayas.

Desde una perspectiva más íntima, Patricia Belli utiliza la técnica del patchwork para unir distintos textiles y prendas usadas, empleándolos como vehículo narrativo de la experiencia humana individual y sus historias. Por su parte, Jaanus Samma utiliza lana y lino para explorar la memoria histórica de Estonia y examinar el papel de la expresión artística en la construcción de un patrimonio político e histórico. Esta tradición textil dialoga también con la tecnología contemporánea en propuestas como la de Voluspa Jarpa, quien interviene textiles de gran formato mediante proyecciones de video para analizar el concepto de territorios y fronteras geopolíticas.

Patricia Belli. Multitudes, 2025. Vista de instalación. Sede: La Nueva Fábrica. (Foto: Byron Mármol. Cortesía: Fundación Paiz / Bienal de Arte Paiz)
Jaanus Samma. Vikingos, 2023. Vista de la instalación. Sede: Centro Cultural de España en Guatemala. (Foto: Byron Mármol. Cortesía: Fundación Paiz / Bienal de Arte Paiz)
Voluspa Jarpa. Extinción, 2025. Vista de instalación. Sede: Museo Nacional de Arte de Guatemala. (Foto: Byron Mármol. Cortesía: Fundación Paiz / Bienal de Arte Paiz)

Esta intersección entre la tecnología contemporánea y el mundo natural se extiende también al formato de las obras presentadas en la Bienal, influyendo de manera decisiva en las prácticas de varios artistas. María José Arjona recurre al video digital para explorar el agua como una forma de respiración planetaria dentro de las cosmologías indígenas. Ali Cherri, por su parte, crea una película que abre la puerta a un mundo marcado por la guerra y la violencia, mientras Dor Guez reúne testimonios y narrativas diversas en una videoproyección acompañada de fotografías y objetos para abordar las complejidades de la identidad. Alevtina Kakhidze utiliza un video de realidad aumentada, acompañado por una serie de dibujos, para narrar las experiencias de la guerra en Ucrania, y Tuan Andrew Nguyen construye una experiencia fantasmagórica a través de un video monocanal que evoca memorias ausentes. En esta misma línea, Chelsea Odufu presenta una instalación acompañada por un video que rinde homenaje al sagrado árbol baobab.

La memoria y el territorio se encarnan con fuerza en instalaciones escultóricas de gran escala que dominan esta edición. Kader Attia ocupa una sala entera con una instalación que evoca la imagen de árboles jóvenes construidos a partir de metal, caucho, cuero, cables y piedras, aludiendo a la Primera Intifada de 1987. Antonio Pichillá, por su parte, crea figuras que toman la forma de espantapájaros mediante hilos superpuestos sobre palos de madera, incorporando elementos tecnológicos como una antena de Wi-Fi.

María José Arjona. Los ríos del mundo son el mismo ríoCore-hidro-grafías; 4 banderas, 2025. Vista de instalación. Sede: Museo Nacional de Arte de Guatemala. (Foto: Byron Mármol. Cortesía: Fundación Paiz / Bienal de Arte Paiz)
Tuan Andrew Nguyen. Ciudad de Fantasmas, 2023. Vista de instalación. Sede: Centro Cultural Municipal. (Foto: Byron Mármol. Cortesía: Fundación Paiz / Bienal de Arte Paiz)
Chelsea Odufu. Amado Baobab, 2023-2025. Vista de instalación. Sede: Museo Nacional de Arte de Guatemala. (Foto: Byron Mármol. Cortesía: Fundación Paiz / Bienal de Arte Paiz)

En otro registro, Luz Lizarazo celebra la liberación femenina en un óleo sobre lienzo de gran formato, mientras Martin Wannam presenta una instalación inflable en el espacio público que reivindica identidades queer históricamente marginadas. Varias propuestas incorporan también una dimensión sonora: Christian Salablanca construye un paisaje vivo mediante esculturas sonoras, entrelazando cantos de aves con las memorias de su abuelo, y Glenda León sumerge al visitante en una experiencia auditiva envolvente, rodeándolo de partituras suspendidas en el espacio, acompañadas por una interpretación en directo al piano.

Destaca asimismo el uso de materiales diversos y reciclados como estrategia conceptual y estética. Simón Vega se inspira en la Estela F de Quiriguá para la construcción de una escultura monumental realizada con metal reciclado y espejos de vigilancia. Los mapas adquieren presencia en varias instalaciones: Sonia E. Barrett los trenza en una instalación aérea inmersiva y Kimsooja los utiliza en una serie de quince banderas traslúcidas que simbolizan la coexistencia a través de fronteras.

Sonia E. Barret. Trenzando el mapa, 2025. Vista de instalación. Sede: Casa Ibargüen. (Foto: Byron Mármol. Cortesía: Fundación Paiz / Bienal de Arte Paiz)
Simón Vega. Estela del gobernante F, 2025.  Vista de instalación. Sede: Museo Nacional de Arte de Guatemala.(Foto: Byron Mármol. Cortesía: Fundación Paiz / Bienal de Arte Paiz)
Kimsooja. Respirar — Las Banderas, 2018. Vista de instalación. Sede: Museo Nacional de Arte de Guatemala. (Foto: Byron Mármol. Cortesía: Fundación Paiz / Bienal de Arte Paiz)

A estas propuestas se suma la presencia del performance como elemento fundamental de esta edición de la Bienal, destacando la participación de artistas reconocidos en este ámbito como Carlos Martiel, Kite y Regina José Galindo. A través de acciones en vivo, sus obras abren conversaciones críticas en torno a los conflictos territoriales, la responsabilidad individual y colectiva, la violencia estructural y la represión, ampliando el espacio de la Bienal hacia uno de reflexión política y resistencia.

Esta vigésimo cuarta edición de la Bienal de Arte Paiz se articula como un ecosistema de prácticas artísticas interconectadas que, a través de materiales orgánicos, tecnologías contemporáneas, performances e instalaciones inmersivas, reflejan y dan forma a la simbología de El Árbol del Mundo.

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