Matías Estrace: Interrupciones urbanas y fetiche residual 

Matías Estrace. Hombre acostado sobre el capó de un carro chocado en la cuchilla de la Diagonal 6, zona 10 de Ciudad de Guatemala.
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Foto de portada: Matías Estrace. De la serie Anhelos de cuerpo en ciudad. 2026. (Foto: Cortesía del artista) 

Los ejercicios de Matías Estrace proponen concebir la ciudad de Guatemala como un espacio poroso donde los cuerpos y el entorno se afectan mutuamente. Aunque sus propuestas visuales han logrado efectos importantes entre el sensacionalismo virtual y la curiosidad genuina, las imágenes que le han construido no son inocentes: con ellas, y detrás de prácticas como la performance, la escultura, el dibujo o el grabado, su obra podría funcionar como un mensaje crítico a la vida urbana.

Si en los últimos años su nombre ha resonado en la virtualidad local, se debe a que a través de las redes sociales ha encontrado una herramienta valiosa para compartir ideas en un medio con pocos espacios enfocados a artistas jóvenes. En busca de esa visibilidad necesaria, Matías ha logrado desarrollar vínculos con instituciones culturales, entre ellas la Fundación Paiz, Fundación Rozas-Botrán o la delegación de la Unión Europea en Guatemala.

En su más reciente muestra, Anhelos de cuerpo en ciudad, presentó dentro de la Antigua Tipografía Sánchez & De Guise una serie de vídeos donde se observa su cuerpo estampando en varias superficies de la ciudad: muros, placas metálicas, tapaderas sobre tragantes, rejas o banquetas. De este modo, la exposición que se desarrolló en el marco de los 250 años del traslado de la ciudad de Guatemala, propuso “generar una tensión entre la forma que la urbanidad y la ciudad son construidas tanto desde un sector público, como desde un sector privado”.

En investigaciones como Engendros. Tautologías y poemas del sujeto transversal, utilizó el mismo movimiento, el juego y la acción física para interrumpir el paisaje citadino. A la par de esa fricción, nació también un imparable acto de recolectar lo que la calle “produce” y desecha, llevándolo hasta piedras, paletas de plástico, plumas de zanates, y otros objetos residuales. Es en ese gesto donde su obra activa la idea del “fetiche”. La palabra, que se remonta al siglo XVII, fue manipulada por navegantes europeos para encasillar los objetos de culto y amuletos que encontraban a su paso.

Este tipo de acciones de recolección y de asimilación del cuerpo en la urbe, inscriben el trabajo de Matías Estrace como el de alguien que busca repensar (e insistir, ya sea en la virtualidad, la institucionalidad o en espacios artísticos independientes) su vínculo problemático con el contexto urbano de Guatemala.

Alejandro Ortiz López: ¿En qué momento comienza tu relación personal con la ciudad?  

Matías Estrace: Es algo que he estado pensando un montón, como volteando para atrás y tratando de rastrear dónde comienza todo esto; y creo que hay diferentes puntos. Una de las cosas que para mí son de las más importantes es la forma en que mi mamá interactuaba con el espacio público. Creo que nuestras relaciones comienzan desde la observación y eso sucede principalmente en casa, que es donde uno suele estar más tiempo. Mi mamá también es artista: realizó una obra de performance en el centro y una obra de grabados en relación con imágenes de esa misma zona. Una de las cosas que pienso que fueron importantes es que yo no percibía estas obras como piezas de arte porque era muy chiquito. El mundo del arte no existía. Para mí, todavía, estos eran recuerdos simplemente de cómo eran las cosas, de cómo era mi mamá, de cómo podía estar yo en el espacio, cómo interactuar con él y qué significaban las posibilidades de existir también con un cuerpo. Entonces creo que ese es uno de los factores principales. Otro tema por el que he tenido un gran amor y deseo es la naturaleza, que me ha hecho explorar el mundo exterior. Yo casi no he vivido cerca de la naturaleza real, he vivido en un condominio o en un apartamento, y eso inevitablemente te hace tratar de buscar la naturaleza donde se pueda. Cuando me gradué del colegio, empecé a moverme en bicicleta o a pie, y ahí creo que comenzó mi exploración más intensa sobre cómo estaba viviendo la ciudad.

Vista de la exposición Anhelos de cuerpo en ciudad en la Antigua Antigua Tipografía Sánchez & De Guise. 2026. (Foto: Cortesía Matías Estrace)
Taller de movimiento Anhelos de cuerpo en ciudad. 2026. (Foto: Cortesía Matías Estrace) 
Visita guiada Anhelos de cuerpo en ciudad. 2026. (Foto: Cortesía Matías Estrace)

AOL: ¿Qué dirías que encontraste en esa intensidad y qué fue lo que despertó?  

ME: A través de salir al espacio público, sentí que estaba ganando una primera forma de autonomía y de libertad espacial que controlaba. El choque (con la ciudad) era siempre sensible: cómo se escucha afuera estando cerca de los carros, cómo se siente caminar ahí… Y que son cosas que tienen que ver con la contaminación, con interrupción, con agresividad sensorial; pero que, al estar ahí, no los percibía como agresión sensorial, más porque lo que hacía era responder a estas dinámicas con procesos imaginativos. Iba narrándome mis propias historias o enfocándome en otras cositas, como maneras para lidiar a través de “distracciones inventadas”.

Eso me llevó a crear series como Engendros. Tautologías y poemas del sujeto transversal; porque entonces caminaba a la calle, y mi motivación para seguir avanzando era encontrar la siguiente pluma, por ejemplo. En ese momento recolectaba muchas plumas que eran de zanates, o las paletas de bombones. Entonces ya no solo estaba cruzando la calle o yendo de un lugar a otro, sino que tenía mis propias reglas en el espacio. Ahí fue cuando me empecé a enfocar en las cosas que la ciudad produce. Encontré formas de interactuar con el espacio y, luego, encontré que esas formas para interactuar eran modos en los que estaba tratando de compensar la ciudad; es decir, la ciudad naturalmente me genera ruido, entonces lo que hacía era distraerme.

AOL: Con tu trabajo presentas a la audiencia una suma de residuos como objetos artísticos. ¿Por qué llevar ese tipo de materiales al plano de las artes visuales?  

ME: Desde chiquito estoy relacionado con esta clase de prácticas y por eso se me borró esa especie de categorización o separación entre el objeto artístico y el objeto no artístico. Hay un libro de John Dewey que se llama Art as Experience que habla sobre cómo hacer que la práctica artística sea un proceso cotidiano. Y yo lo siento mucho así, justo como mencionabas: a mí el arte me sirve para digerir y como para entenderme; luego resulta que también me interesa mostrarlo, pero, si fuera por mí, creo que saldría de esa clase de terminología; no hablaría de mis piezas como piezas de arte, pero funciona para el mundo tener estos términos.

De la ciudad me interesan muchísimas cosas. Hubo un momento que tenía hiperfijación con las paletas y con los carteles políticos. Hubo otro momento que mi gran rollo era ver dónde se acumulaban estas pilas de basura en la calle que paran siendo composiciones espaciales. Siempre comienzo desde un lugar físico y, de lo físico, paso a otro plano, que es preguntarme por las relaciones humanas que hubieron detrás.

Con Anhelos de cuerpo en ciudad comenzó así. Y, aunque no es una investigación material necesariamente, yo la considero como una investigación de los objetos que produce la ciudad; y, más allá de esto, es sobre la relación del cuerpo con el espacio. El punto de partida (en la serie) es lo que el espacio físico me genera (y que decantó) en deseos de actuar.

AOL: En una de las piezas de la nueva serie apareces acostado sobre un carro abandonado, por ejemplo. ¿Puedes hablar sobre la creación de las imágenes en este proyecto?  

ME: En la cuchilla de la Diagonal 6 siempre hay carros chocados; nuestros espacios abiertos están ocupados por carros destruidos que, si algo son, son el recuerdo de la violencia vial y el caos. Cruzo mucho por esa zona y, cuando colocaron ese carro en específico, comencé a interactuar mucho con él. Hay ciertos escenarios que se mantienen dentro de mí y, por alguna razón, no logro dejar de descifrarlos. Este carro era uno de ellos y, conforme iba cruzando y yéndome, se comenzó a generar una relación que no entablaba con mi mente, sino con mi cuerpo. Pienso al espacio como una cuestión de imágenes.

Para mí, la imagen está mucho más relacionada al aspecto somático del cuerpo, a lo sensorial; es directamente un recuerdo de la vista y, en este caso, era también una forma de pensar cómo se sentirían los chayes del carro e imaginando la fuerza que generó el impacto, que ahora es un espacio cóncavo. Entonces, de algún modo, mi cuerpo se siente involucrado y se imagina en una puesta en escena con el carro.

Para varias de estas acciones, las hice antes por mi cuenta, y luego ya decidí llegar a registrarlas. Creo que es algo importante, y por la que choco con la idea de performance que implica un ojo o varios ojos que observan desde un lugar que establece la institución del arte; porque, para mí, estas son solo peculiaridades de mi cotidianidad por las que decido desviar mi camino y ejecutarlas. Y son cosas que, cuando las hago, no producen nada; no me van a generar pisto, tiempo o el comentario de una persona. Son acciones tan ligeras que la gente las ve, o están tan metidos en sus propios rumbos que no tienen tiempo para hacerlo.

AOL: ¿Qué te da la corporalidad al momento de experimentar, a diferencia de otros medios que utilizas, como la escultura o el dibujo?  

ME: En todos mis procesos artísticos está involucrado el cuerpo, aunque el resultado final sea una pieza-objeto, una pintura o incluso un grabado. Todos mis resultados físicos de arte se involucran con mis rituales personales, que involucran moverme con el cuerpo, estirar, oír música, bailar o algunas cosas, quizás, un poco más absurdas como dinámicas con el cuerpo.

Trabajar esta nueva investigación directamente con el cuerpo se vuelve interesante porque hace que la investigación sea cien por ciento una investigación somática: es directamente sobre la sensibilidad y la sensorialidad. Creo que a lo que me lleva, a diferencia de una práctica más orientada a los objetos, es a ciertas reflexiones de cómo el cuerpo está posicionado hoy; la forma en que se presenta en la contemporaneidad y, en especial, aquí en Guatemala puede tener repercusiones complicadas en otras cosas relacionadas al miedo, a fatigas o deseos negativos. Estas son cosas que no se quedan en un momento específico. El cuerpo no borra el historial cuando cambiás de habitación, o cuando entrás o salís de la calle; todo se queda adentro, entonces trabajás, gozás y dormís con eso.

David Lebreton habla mucho de este concepto del cuerpo como una cosa porosa, como un objeto poroso que es atravesado constantemente. Entonces sí, creo que trabajar directamente con el cuerpo me hizo tener un énfasis más grande en estas repercusiones.

Matías Estrace. De la serie Anhelos de cuerpo en ciudad. 2026. (Foto: Cortesía del artista) 

AOL: ¿Cuáles conversaciones te interesa movilizar a partir de estas experiencias sensoriales?  

ME: Para esta investigación realicé alrededor de 20 acciones, de las cuales solo seleccioné estas pocas para la muestra porque sentí que eran las que mejor se adaptaban a los conceptos centrales; pero varias de estas también tenían que ver con cómo podríamos estar relacionándonos con el espacio. En la obra de las impresiones surgen algunas de estas: abrazar un poste, meterme en una reja, poner la cara contra el suelo… A partir de esa acción, me interesa que nazca la pregunta: ¿Cuáles son los símbolos que están rodeándonos constantemente? ¿De qué otras formas mi cuerpo es marcado al existir en esta ciudad?

El cuerpo no borra el historial cuando cambiás de habitación, o cuando entrás o salís de la calle; todo se queda adentro, entonces trabajás, gozás y dormís con eso. 

-Matías Estrace

AOL: Algunas de tus investigaciones han logrado visibilidad gracias al apoyo y las alianzas con diversas instituciones —entre ellas Fundación Paiz, que colaboró prestando proyectores para Anhelos—. ¿De qué manera crees que estas colaboraciones han moldeado tu trayectoria hasta ahora?

ME: En el proceso de realizar mis temas de interés, me he dado cuenta que no lo puedo hacer solo, que me hacen falta cosas, medios o recursos; y he tenido la buena fortuna de sentirme cercano a preguntar a instituciones privadas, pero también a instituciones más relacionadas a lo público. Me sorprende cada vez más lo mucho que están dispuestas a querer colaborar. Y también creo que hay personas que tienen disposición a criticar la institución, en el sentido que necesitamos tener siempre un polo opuesto para que las instituciones no se sientan cómodas, pero tampoco hay que demonizarlas; todo lo contrario: creo que muchísimas más personas deberían de sentirse en la confianza de acercarse y preguntar, de querer colaborar por lo mismo que las cosas no van a suceder solo de un lado. Y entre antes nos demos cuenta que haciéndolo juntos va a ser más rápido y mejor, estaría chilerísimo. Eso en relación a exposiciones, pero también a la construcción de la ciudad de Guate. Es genial tener espacios donde uno pueda hablar.

Estas instituciones también me han dicho que no un montón de veces. Creo que esa es parte de la dinámica: que te digan que no; y que te digan que no, no significa nada malo. Son procesos que te llevan a construir una mejor propuesta o una mejor forma de observar lo que ya se está presentando. La institución también te ayuda a pensar cómo puedes existir fuera de ella, sin tener que volverla una cuestión antagónica.

AOL: ¿Cuáles dirías que han sido estos desafíos al momento de ir construyendo una carrera como artista joven en Guatemala?

ME: Una de las primeras cosas es matarse a uno mismo, matar al ego; creo que es de las primeras zancadillas que uno tiene, o que el «no» implique una negación a tu identidad o existencia. Creo que eso es de los desafíos más complejos de atravesar, y que, en algún momento, hace que las personas se frenen. (Por otro lado), pensarse digno —de que me tienen que aceptar o decir que estás produciendo obra, o que uno ya es artista— es otra zancadilla. Puede ser riesgoso; porque puede hacer confundirte en tus procesos y limitarte en un proceso de educación constante.

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