El terremoto que sorprendió a Guatemala el 4 de febrero de 1976 es uno de los eventos naturales más catastróficos en la historia del país. En su informe titulado Daños causados por el terremoto de Guatemala y sus repercusiones sobre el desarrollo económico y social, la Comisión Económica para América Latina de las Naciones Unidas contabilizó 258 mil viviendas destruidas y calculó que los daños del sismo impactaron a 1.2 millones de personas, dejándolas sin hogar. En otra instancia, el Comité de Emergencia Nacional consolidó una cifra de 23 mil personas fallecidas y más de 76 mil heridas.
Entre las zonas más críticas y susceptibles a la destrucción figuraron comunidades enteras del altiplano guatemalteco; entre ellas, San Juan Comalapa. Las cifras para esta zona ascendieron a los 4 mil 500 fallecidos. Dentro de una pequeña y lúgubre escena, el artista originario de la comunidad Francisco Morales Mux evidencia la catástrofe, registrando la caída de varias edificaciones en el pueblo. Su imagen ofrece una mirada íntima al estrago colectivo y emocional —presente en los rostros de confusión y el llanto de los habitantes—, quienes aparecen entre los escombros que dejó el sismo ocurrido durante la madrugada de aquel 4 de febrero.
