Ganadora del Glifo de Bronce en la III Bienal de Arte Paiz -realizada en 1982- este grabado de Lourdes Urrutia nos lleva frente al retrato de un personaje anónimo que se pierde en la ambivalencia de los claroscuros. La imagen presenta una luminosidad contradictoria, apareciendo las fuentes de luz en ciertos cuadrantes y no de manera uniforme en la totalidad.
Con esta decisión, la autora nos coloca frente a una experiencia difusa al llevar nuestra mirada a varios zonas asimétricos. La posición retraída del personaje, así como su mirada oculta, refuerzan esta idea al hacernos pensar en la sospecha como también protagonista de la escena.
La ambigüedad del retrato despierta dudas sobre quién podría ser realmente el espectador y el contexto en el que se encuentra. De igual manera, la incertidumbre y la tensión se evidencia con el espesor de los volúmenes opacos que se disputan frente a los brochazos iluminados.
