Para esta pieza, Efraín Recinos se inspiró en los estragos materiales y humanitarios del terremoto ocurrido en Guatemala durante la madrugada del 4 de febrero de 1976. Con una magnitud de 7.5 grados, el sismo ha sido considerado el más destructivo en la historia del país.
La tragedia es evocada por el artista en un díptico. Por un lado, el panel izquierdo presenta las formas curvas, pulcras e imaginativas con las que solía construir a sus personajes, y las utiliza para retratar a una familia intacta dentro de un ambiente cálido. Hacia la derecha, la obra toma otra perspectiva al mostrar a un grupo de personas con expresiones decaídas entre muros que revelan la superficie del adobe. Durante el terremoto, las estructuras que sufrieron mayores daños fueron aquellas construidas con este material compuesto de barro y fibras naturales.
La pieza mantiene una relación estética con otras obras que el artista realizó durante la década de 1980, como El mural perdido (presentada en la III Bienal de Arte Paiz) o, de forma más evidente, con Infancia de adobe (exhibida en la V Bienal), donde utilizó el acrílico para abordar la fragilidad de las viviendas ante los sismos.

