Galardonada con el Glifo de Oro en la XV Bienal de Arte Paiz (2006), esta pieza de Sandra Monterroso forma parte de los hitos del videoarte en Guatemala y es hasta la actualidad un referente en la reivindicación de la imagen de la mujer indígena dentro de la contemporaneidad artística de la región. La obra se inscribe en una experiencia onírica y de memoria afectiva en la que, a través de un sueño la artista se encontró preparando tortillas mientras hablaba en q’eqchi’, idioma en el que su abuela le habló en su lecho de muerte y que, para entonces, Sandra no lograba comprender. Este quiebre detonó una investigación sostenida sobre la identidad y la recuperación de la lengua materna, convirtiendo el archivo personal en un dispositivo de interrogación.
“La obra surge a partir de las experiencias cotidianas, habla de mi vida, de verme a mí misma a través de las otras mujeres. De ser otra tu, otra ella, de ser y no ser yo misma”, comentaba Monterroso para el catálogo de la XV Bienal. Sobre la condición de ser mujer, presente en su obra, añadía: “Es un tema que me preocupa y sobre el cual reflexiono constantemente, no sólo en la obra sino en mi propia vida. Mi generación es privilegiada, por un lado porque las mujeres en esta época tenemos mayor apertura, sin embargo, aún hay motivos delicados para reflexionar al respecto: violencia, discriminación, abuso e intolerancia. No solo directa, sino que en mayor o menor escala, más sutil pero no menos importante: la violencia moral o psicológica”.

