Sana, sana, colita de rana: Sanación en Venecia con Guadalupe Maravilla

Hamacas tejidas de Guadalupe Maravilla expuestas en la 61 Bienal de Venecia.
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Foto de portada: Hamacas tejidas de Guadalupe Maravilla expuestas en la 61ª Bienal de Venecia. (Cortesía del artista)

Guadalupe Maravilla se ha consolidado como una de las voces más singulares del arte contemporáneo actual, al entrelazar en su práctica la memoria migrante, la sanación, el activismo y las experiencias personales de trauma y resistencia. Originario de El Salvador y residente en los Estados Unidos, su obra, que transita entre la escultura, la instalación, el sonido y el ritual, explora las huellas de la migración, la violencia histórica y las posibilidades del arte como espacio de cuidado colectivo.

En 2026, Maravilla participa en la 61ª Bienal de Venecia, donde presenta una instalación que reúne objetos recuperados, esculturas y elementos sonoros vinculados con sus investigaciones sobre cuerpo, enfermedad y procesos de sanación. Su propuesta transforma su biografía —marcada por el desplazamiento desde Centroamérica hacia Estados Unidos y su experiencia con el cáncer— en un lenguaje profundamente simbólico y político.

Diana Cuellar: Estás afincado en Estados Unidos, donde la situación es muy tensa por el clima general que hay de persecución hacia las comunidades latinas. De hecho, tú has estado involucrado, ayudando en diversos frentes. Entre enero y marzo de 2026 hiciste una residencia en París en preparación para tu participación en la Bienal de Venecia. ¿Cómo sentiste la diferencia entre la atmósfera estadounidense y la parisina? ¿Cómo influyó esta estancia en tu trabajo? ¿Cómo te sentiste tú? 

Guadalupe Maravilla: Cuando yo llegué a París en enero de este año, llegué super cansado físicamente, emocionalmente, espiritualmente, por todo lo que está pasando con Trump y ICE en Estados Unidos (EE.UU.). A mí me ha afectado bastante eso porque yo era indocumentado cuando llegué a EE.UU. y también la comunidad con la que he trabajado por los últimos 8 años, todos latinos inmigrantes, la mayoría indocumentados. Yo estaba directamente trabajando con ellos enseñándoles cómo meditar, con comida, consiguiendo dinero de organizaciones para ayudarles en varias maneras. Era como un mentor ahí en ese grupo y desde que empezó todo esto nos afectó mucho, ahora nos cuesta juntarnos como nos juntábamos antes. Esa parte ha sido super difícil, y honestamente yo después de dos años de esto estoy desgastado. Cuando llegué a París, ahí, todo normal, como sin nada; no tengo que caminar con pasaporte en mano, no tengo que estar preocupado por la gente que está a mi lado, situaciones así… Fue como un regalo estar ahí por tres meses, de enero a marzo, y solo enfocarme en mi arte, nada más. ¡Qué lujo tener eso! Y como tú sabes, mi trabajo normalmente no es así. Mi trabajo es claro, ser artista, hacer las obras, pero también estar enfocado en mi comunidad, en lo que necesitan y también trabajo con las comunidades con cáncer. Siempre estoy activo en varias maneras y también en mi trabajo espiritual, que hago todos los días. Ahora son las 9 de la mañana y ya hice cuatro meditaciones largas. Pero cuando llegué a París fue muy lindo porque tenía tiempo para sanarme yo mismo y hacer el trabajo relacionado con el arte. Empezaba las mañanas meditando, haciendo yoga, cocinaba mi almuerzo y mi cena. Me la llevaba al taller, trabajaba por 14-16 horas al día, llegaba a las 2 de la mañana y dormía para descansar el cuerpo. Solo salí a comer cinco veces en París y tuve un día para ser turista: caminar y mirar la torre Eiffel y todas esas cosas.

DC: ¿Has pensado o o te han preguntado antes si te describes o si te entiendes a ti mismo como activista además de artista? 

GM: Siempre me preguntan eso, y no me gusta verme como activista, el trabajo que yo hago es más bien humanitario. Prefiero esa palabra antes que activista, porque activista suena a alguien que tiene sus protestas. El trabajo que hago es físico, pero también espiritual. 

DC: Sigamos con la residencia. Exactamente, ¿cómo fue tu proceso?

GM: Antes de llegar a París, mandé todos mis materiales de América Latina, de Centroamérica y de México. Yo regreso a partes de América, México, Centroamérica, que es el territorio que crucé cuando tenía 8 años, cuando era niño indocumentado y caminé sin mis padres por esa tierra y regreso para confrontar lugares de trauma y de ahí consigo materiales. Antes de que fuera a París, mandé muchos de los materiales para allá. Cuando llegué empecé a hacer unas sillas estilo Acapulco y las empecé a coser y poner los materiales para convertirlas en nuestras sillas, que son sonoras porque todas tienen sus bongs atrás, que se pueden tocar. Cuando alguien se sienta en la silla, se puede activar una ceremonia y siente la vibración por detrás. La mayoría de mis esculturas son instrumentos: altares, instrumentos de sanación y otras esculturas.

Escultura ensamblada de Guadalupe Maravilla sobre una silla Acapulco con fibras orgánicas, objetos y gorro de conejo gris.
Escultura elaborada a partir de objetos encontrados, elementos sonoros y fibras naturales. (Foto: Cortesía Guadalupe Maravilla)

DC: Supe que también hiciste unas activaciones…

GM: En Venecia las esculturas que estaban en la exhibición no las activé. Traje otros instrumentos, hice cuatro ceremonias allá, dos ceremonias para el público y dos ceremonias para la comunidad con cáncer.

DC: ¿Las hiciste en el Arsenal?

GM: No, en un espacio de baile y performance, con mucha luz. En el Arsenal no se puede porque hay mucha gente y se necesita silencio para las ceremonias y meditaciones que hacemos.

DC: ¿Pero esas ceremonias eran parte de la exposición general?

GM: Sí.

DC: ¿Y cómo sentiste las ceremonias?

GM: Fueron cuatro: dos abiertas al público y dos estaban dedicadas a la comunidad con cáncer porque la curadora Koyo Kouoh falleció de cáncer. Le dediqué las dos ceremonias a ella y muchos de los artistas que la conocían personalmente y el staff y los otros curadores que trabajaron con nosotros, que la conocían o fueron cercanas a ella, vinieron y era parte del proceso de duelo. Eso fue muy muy potente y super difícil de hacer. Tengo mucha experiencia con este tipo de trabajo, pero nunca es fácil. Esas ceremonias, especialmente las de cáncer, nunca son fáciles porque hay mucho sufrimiento y las personas que están llegando, andan cargando bastantes cosas. Yo tenía mi equipo, dos sanadores que estaban ahí conmigo para ayudarme a hacerlas también. 

Para mí ha sido muy lindo que he representado la comunidad salvadoreña desde el principio. Y no solo como salvadoreño, sino como un niño indocumentado. Mis padres escaparon de la guerra civil. (…) Eso es como representar a todos los inmigrantes de todos los países que han llegado a diferentes países sin papeles

-Guadalupe Maravilla

DC: Me llama la atención esa voluntad de sanación a través de lo espiritual en un contexto tan agitado y tan intenso como el que se vivió en esa semana en Venecia.  Un mundo enfermo, atravesado por mucho dolor, en el que se está sufriendo mucho con todas las guerras, la polarización, la violencia sobre el medio ambiente y la situación oscura que vivimos en este momento. Sin embargo, hubo manifestaciones y huelgas, es decir, había dos formas de reacción: por un lado, la protesta directa encendida y por otro lado, por ejemplo, actividades o iniciativas como la tuya, que iban más por el camino —que de hecho era el que previó la curadora—, del susurro, la contención, el canto… las minor keys.

GM: Es una gran pregunta, pero también habían los turistas que estaban en todos lados. Tuve una situación de que la policía de Italia me trató de arrestar por el color de mi piel. También le pasó a otro artista que era en negro de Estados Unidos, lo trataron de arrestar. Con toda esa intensidad había muchas emociones, muchas cosas pasaron. Pero yo seguí como todas las mañanas, haciendo mi trabajo, haciendo mis meditaciones. Mi trabajo personal de meditación y rituales me prepara cuando voy a un lugar como Venecia o un lugar intenso, por ejemplo, algunas ceremonias de cáncer en las que hay 150 personas llorando. ¿Cómo puedo entrar ahí para calmar el espacio y ayudarles a soltar lo que tienen que soltar o a sanar lo que tienen que sanar?

DC: ¿Qué tipo de gente asistió a tus ceremonias en Venecia? Entiendo que era abierto al público, pero me da curiosidad saber si era en su mayoría gente del arte o era público en general. ¿Había, por ejemplo, más gente de comunidades migrantes o más europeos? ¿Eran locales o visitantes? ¿Cuál era el perfil general?

GM: Hice dos ceremonias públicas en la mañana, porque los que van a llegar a las 10 de la mañana no son quienes estuvieron bailando hasta las 5 de la mañana borrachos. Entonces dije: lo voy a poner por la mañana para que la gente que lo necesite llegue, porque si lo hubiese hecho a las 5 o 6 de la tarde habrían llegado 300 personas y la gente que lo necesita no podría tal vez ni entrar. La primera ceremonia eran como 50 personas y la primera persona que llegó me dijo: “Mi mamá murió hace dos días. Yo vine aquí a mirar arte y mi vuelo es dentro de dos horas. Gracias por hacer esto”, y estaba llorando. En la tarde, en la ceremonia del cáncer, llegó un chico de 22 años que vino a ver arte, vio un rótulo de que había en ceremonias de sanación y subió. Entró y hablamos durante media hora después de la ceremonia. Me preguntaba por maneras para ayudarse a sanar. Entonces, sí, eran gente del mundo del arte, como la muchacha que se le murió la mamá. Ella fue ahí y algo bien trágico le pasó en medio de ese viaje profesional a Venecia. En la cuarta ceremonia había 150 personas, estaba super llena de gente llorando, sintiendo cosas, soltando cosas y yo me sentí bien porque pensé: ¿Quién iba a querer venir aquí a meditar con nosotros mientras hay tantas fiestas y toda la locura de Venecia? Pero llegó gente; vinieron porque lo necesitaban. Abrir las puertas para la ceremonia es super importante.

Escultura sonora de Guadalupe Maravilla construida a partir de una silla Acapulco morada con gong y fibras naturales.
Escultura y objeto sonoro con gong en la 61ª Bienal de Venecia. (Foto: Cortesía Guadalupe Maravilla)

DC: Para terminar, tú eres originalmente centroamericano y tus obras, como acabas de decir, intentan tener algo material que venga de ese itinerario migrante que recorriste; que capturen la huella de tu paso por Centroamérica y México en tu camino hacia los Estados Unidos. Es la primera vez que participas en la Bienal de Venecia y me gustaría que nos cuentes cuál ha sido tu experiencia de estar en ese evento internacional, cómo lo viviste y específicamente siendo un artista de una región que ha estado muy poco representada en este tipo de eventos que se dicen internacionales, pero que históricamente han incluido a regiones como Centroamérica.

GM: Para mí ha sido muy lindo que he representado la comunidad salvadoreña desde el principio. Y no solo como salvadoreño, sino como un niño indocumentado. Mis padres escaparon de la guerra civil… toda la historia que tengo y que hay miles y miles de personas que han pasado por lo mismo. Eso es como representar a todos los inmigrantes de todos los países que han llegado a diferentes países sin papeles, escapando a situaciones difíciles para tener la gran oportunidad de llegar a Estados Unidos. Esto es lo que quería mi mamá, que yo estuviera bien. Llegar al nivel de exponer en Venecia y tener la carrera que he tenido ha sido un gran privilegio, un regalo que he trabajado mucho para tener. Hay dos piezas de las que no hablé que eran hamacas que decían “sana sana colita de rana, si no sanas hoy sanarás mañana”. Esa obra está hablando de todos los dolores y todas las cosas feas que nos han pasado no solo en El Salvador, sino en América Latina y lo que está pasando Estados Unidos con ICE. Esa cancioncita es como, como tú sabes, para los niños, pero ahorita yo la estoy usando como una metáfora para el sufrimiento que estamos viviendo como latinos en todo el mundo. La obra estaba colocada en el centro del espacio y todos los que la miraban se ponían a reír. La sonrisa llegaba cuando la miraban porque entendían la canción…

DC: Es muy dulce porque es como un mantra de sanación que viene de la cultura popular latinoamericana para el mundo.

GM: Sí.

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