Arte que respira y vive: El arte de Vivian Suter

La exposición Disco de la artista suiza-argentina Vivian Suter nos invita a sumergirnos en el mundo natural de Panajachel, donde la naturaleza participa activamente en el proceso de creación.

Este verano, el Palais de Tokyo en París presentó una muestra de casi 500 obras de Vivian Suter, realizadas en su taller y jardín en Panajachel, donde reside desde 1982. Nacida en Buenos Aires en 1949, Suter se trasladó a Basilea, Suiza, a los doce años, donde estudió pintura. Tras un período de viajes por Norte y Centroamérica, llegó a Panajachel, que se convirtió en su hogar y en el lugar que marcaría de manera definitiva su vida y su obra. El entorno natural del Lago de Atitlán y su diversidad tropical se transformaron en una fuente constante de inspiración, estableciendo un diálogo continuo entre la artista y la naturaleza, que pasa a formar parte integral de su trabajo.

La obra de Suter no solo se inspira en la naturaleza, sino que incorpora sus elementos físicos como parte constitutiva de sus creaciones. La artista pinta al aire libre, en su jardín, utilizando materiales no tradicionales como tierra, material volcánico, pintura doméstica, cola de pescado y materia botánica, mezclados con pintura acrílica u óleo. Al trabajar en exteriores, Suter deja con frecuencia los lienzos expuestos al ambiente —humedad, viento, sol o lluvia— durante días, semanas e incluso meses, permitiendo que elementos como tierra, insectos o plantas se integren de forma orgánica a la superficie pictórica.

En la instalación, las obras que contienen mayor cantidad de material natural se sitúan cerca de la base de los muros, facilitando al espectador la observación de estos detalles. Algunas piezas conservan incluso las huellas de las patas de su perro, Disco: un “accidente” más que se convierte en una expresión auténtica de la vida cotidiana de la artista. La exposición toma su nombre precisamente en honor a este perro. Como señala Suteren una entrevista con el Palais de Tokyo: “Nada de lo que he trabajado como artista tendría sentido sin este lugar, sin estos árboles, sin las hojas, sin mis perros que me siguen a dondequiera que voy”.

Suter también explica la espontaneidad y la urgencia que caracterizan su proceso creativo. Afirma que pinta de manera impulsiva, utilizando los colores y materiales que tiene a su alcance en ese momento, sin una planificación previa, lo que convierte cada obra en un testimonio gestual y energético de un instante preciso de su vida. “El entorno y la naturaleza son mi inspiración. Por eso para mí es fácil. Por ejemplo, elegiría el color azul porque está a la mano, pero también por una cuestión de energía en ese momento. No hay ningún simbolismo en ello”, explica.

Algunas de sus obras están pintadas por ambos lados del lienzo, comenzando por el reverso cuando la pintura traspasa la tela. Sus piezas no solo traducen lo visual de su entorno, sino también lo auditivo: los sonidos del pueblo, del jardín, de los pájaros.

La exposición se despliega en el vasto espacio del Palais de Tokyo, donde las obras se distribuyen sin seguir un orden cronológico ni temático. Organizada en colaboración con el MAAT, Museo de Arte, Arquitectura y Tecnología de Lisboa, la muestra incluye 163 lienzos que se exhiben por primera vez. El curador François Piron señala que se trata de una exposición de carácter empírico, en la que el equipo de montaje contó con una gran libertad para configurar el espacio.

Las únicas consignas fueron “hacerlo denso, ocupar la totalidad de los muros de arriba abajo y mostrar muchos contrastes”. Las obras no presentan títulos ni fechas y se disponen directamente sobre las paredes, algunas superpuestas entre sí, generando una suerte de jungla pictórica que remite al entorno que inspira la producción de Suter.

Las obras de Vivian Suter se acompañan de una selección de collages realizados por su madre, también artista, Elisabeth Wild (1922–2020), lo que añade una dimensión íntima y personal a la muestra. A diferencia del resto de la exposición, donde las pinturas se expanden de manera caótica por el amplio espacio, los collages de Wild se presentan de forma ordenada en una sala con muros pintados de un intenso color amarillo.

Suter explica que estos collages merecen ser apreciados de una manera distinta. El amarillo remite a las exposiciones de su madre, quien solía utilizar paredes de colores. Wild comenzó a trabajar con el collage cuando dejó de pintar debido a limitaciones físicas, recurriendo a imágenes de revistas de moda, arquitectura y estilo de vida que recibía de sus amigas.

Disco formó parte de Documenta 14, celebrada en 2017 en Kassel, Alemania, y Atenas, Grecia. La exposición también se presentó en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid y en la Vienna Secession, recibiendo un amplio reconocimiento por parte de la crítica internacional.

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